jueves, 30 de octubre de 2025

Tu ausencia.

No puedo dormir. 
No puedo dormir porque pienso en ti y la noche es el preámbulo de las pesadillas.
Mi madre me dijo el otro día que si estaba contenta porque me brillaban los ojos…
Mamá, los ojos me brillan porque llevo días sin dormir bien, llevo días con los ojos hinchados de llorar por las noches, ¿cómo te digo esto?
Es una fase, ya lo sé, claro que lo es. He pasado mil y una fases como esta, mi cuerpo ya tiene la explicación lógica, pero no sabe cuánto tiempo va a quedarse el dolor esta vez, ahora que lo dejamos existir… dile tú que resista, yo estoy cansada de hacerlo.
Vivo en una dualidad constante y he descubierto que no es algo común, que es propio de personas más profundas. Luego entonces, puedo comprender por qué te asusta mi procesamiento opuesto sobre un mismo asunto, si no lo vives diariamente, es normal la sorpresa cuando nos reencontramos y te encuentras con el otro polo, tras la larga ecuación que se ha batallado en mi mente.
¿Qué más podría decirme para consolar a mi alma en estas noches intempestivas? 
Ya sabe todo lo que le puedo decir, se conoce mis chascarrillos manipulativos a la perfección, pero la realidad es otra.
La realidad es tu ausencia; nuestra ausencia.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Amnesia.

Y cuando el brillo de nuestros ojos no sea reconocido por nadie más, podremos mirar las cenizas de nuestro amor, consumidas por el fuego de la inestabilidad que conferíamos al otro.

Tu ausencia vuelve y, con ella, ha de volver la amnesia. Desaprender lo que éramos juntos, olvidar el sonido de nuestra canción y, con el tiempo, puede que nuestro recuerdo solo sea una brisa plomiza en el corazón. Un soplo que te asalta de madrugada, cuando el frío opaca los cristales y no hay donde resguardarse. 

Puede, incluso, que surja en la embriaguez de una noche, rodeados de conversaciones banales, de ruido y luces, del murmullo de la ciudad… igual, es un sorbo de amargura en una mañana ocupada, donde nada tiene sentido y añoras la calidez de esa sonrisa.

No lo sé. Es lo que tiene la amnesia, no sabes cuándo va a nublar tu vista de dolor, cuándo va a quebrarte en dos y dejarte desvaído en medio de la nada.

Tal vez tu mente siga diciéndote que hay un lugar en un cálido futuro donde podemos volver a encontrarnos… donde podrías volver a acariciar mi pelo, besar mi frente y mirar con profundidad mis ojos en medio de sonrisas. ¿Y qué podría decirte mas que no lo sé…? Eso es lo que más me  atormenta…  que, después de todo este dolor, vaya a dejar de sentir amor en tu mirada, en la mía… que ya no te vuelva a encontrar, que este verano te haya perdido para siempre y solo esté alargando el momento de darme cuenta…

Las noches han empezado a consumirme. Otro proceso de la amnesia. Me despierto en medio de la oscuridad y tu cara me atormenta. Coexistes en dos versiones; la que ha amado cada poro de mi piel, sin preocuparse nunca del choque de nuestros temperamentos, y la que me ha alejado ante esa misma perspectiva, consumida por el miedo.

La segunda va ganando y expande un horrible terror que me punza el corazón. Me pregunto cuánto tardará en asumir la soberanía de tu recuerdo, culminando con la siembra de un miedo permanente que no se vaya a ir si vuelves.

Ahora, me siento insuficiente. Otra vez más odio mi sensibilidad y los problemas que acarrea… ojalá pudieses entender mi procesamiento de la realidad y conseguir con ello que no te asustase tanto… ojalá no me hubieses repudiado esta vez por ello. Ojalá te dieses cuenta que, en la estabilidad, mi sensibilidad florece y se estabiliza también… que todo este amor que idolatras, nace también de aquello que odias de mí… ojalá pudieses ver lo paradójico que es eso, y lo que duele.

He soñado muchas veces que llegabas a ser capaz de escuchar lo que digo y no solo quedarte en la superficie del tono que no te gusta, que veías más allá de mi miedo y conectabas con mi esencia, en la simpleza de escucharme con amor y aportando aquello que pudieses. Ojalá supieses que no tenía más anhelo en ti que ese. Pero tengo que romper la imagen de tu madurez, porque solo existe en nuestras despedidas… y estoy cansada de despedirme para verte florecer.

Imagino que mi ausencia será eso esta vez; un florecimiento. Que la acogerás desde el amor que siento por ti esta vez, y no desde el dolor y la rabia, como la última. Envidio a quién vaya a conocer esa parte tuya, a quien vayas a mirar como me miras a mí, a quien vayas a amar como me amaste a mí.

En mi florecimiento, quiero aprender a preguntar antes de suponer con mi reticente análisis cuando no tengo las respuestas que necesito, es lo que le prometo al fantasma de tu ausencia. Que escucharé y me guardaré para mí las respuestas inconclusas de mi mente, si a la otra persona le cuesta dármelas. Pero también te prometo que aprenderé a ser capaz de explicar que soy PAS y que eso significa que mi cabeza necesita comprender lo que ocurre para poder verlo desde el alma. Espero que puedas desearme también que mire a los siguientes ojos con todo ese amor madurado, sobre todo el propio, y que sepas que fue gracias a entender tu dolor hacia mí que pude dar ese paso. 

Gracias por enseñarme lo que otros no supieron, gracias por hablarme sin miedo, desde el corazón esta vez.

martes, 21 de octubre de 2025

El bote.

Llevamos este bote en estas aguas tempestuosas. Hace unos meses que has decidido dejar de remar e ir a la proa. En tus ojos, brilla el fantasma del miedo a caer por la borda y tus acciones han delegado los remos en mí, confiando que podrás seguir de pie, en la proa, sin caer al agua…solo por no remar.

Lo que no entiendes es que la fatiga ha llegado a mis brazos y el amor se desvanece entre los vientos de tormenta, que tu figura ha empezado a ser un borrón unos metros más adelante, y el agua ha seguido salpicándome el suéter hasta calarme los huesos.

Lo que no entiendes es que, en esta soledad, el amor que he empezado a sentir es propio. Que ya he perdido un remo y no puedo seguir guiándonos a la orilla yo sola. Entonces… dime, ¿vas a dejar que tu miedo te hunda en el agua mientras yo nado hacia mi propia orilla, o vas a coger el oro remo y trabajar conmigo?

domingo, 12 de octubre de 2025

La magia.

Maravillosa y relativa existencia…la congoja de un día es el alivio de otro.

La vida cambia a paso apabullante y mi planteamiento es que eso es lo único que no va a cambiar. ¿Querría saber qué me depara el devenir?

A veces me ofusco con eso… luego, reflexiono, que el conocimiento de un hecho no cambia el final del mismo, y es posible que el anticipamiento me privase del aprendizaje.

¿No es acaso eso lo que siempre ansío? Una evolución personal pura e íntegra que me demuestre que merece la pena saberse viva.

Aunque.. a veces, también anhelo la calma. Una existencia más plana y un aprendizaje a través del amor, ¿cuándo se girará esa rueda para mí?

Tal vez nunca, y tal vez esa misma sea la magia.

Tengo un mantra: “yo soy más que esto”, y lo aferro a mi pecho con la fuerza de quien se ha visto desnuda en una tempestad y sabe que debe ir abrigada esta vez. De quien ha visto cómo sus huesos se quebraban por el frío, y tiene un buen puñado de yesca y un mechero…

El mordisco de la soledad no es una dentellada tan gélida cuando tu piel está curtida por un profundo trabajo interno… aunque sigue dejando una marca amarga.

Y, aunque los domingos caigan como un cubo de agua con hielo, cada vez son más dulces, porque ahora soy capaz de verlos como un mero aviso de las cosas que todavía no han entrado en movimiento dentro de mí.

Tal vez, reitero, la magia sea esa. Cenar con una misma y el murmullo de las conversaciones ajenas. Volver al calor de mi hogar, donde me ampara mi propio mundo.