miércoles, 9 de septiembre de 2026

La excepción que confirma la regla.

Llevo semanas pensándolo, observando mis sentimientos desde fuera, como un espectador.

Sé como soy y nunca me he reconocido en estos sentimientos, porque no se van nunca y eso es extraño.

Desde que te conocí, lo supe, y esa certeza me estremeció las entrañas. Estaba rota por el maltrato de otra persona y preferí ser el villano de otra historia a hundirte en mi pozo, porque no sabía sostenerlo.

No te olvidé, nunca lo hice, y tu canción siguió sonando perpetuamente, diluida en el tiempo. Pasó un año entero hasta que volvimos a hablar sin reproches ni miedos, y me tocó el turno a mí.

Era tu miedo el que me fustigaba por las noches y me tenía en un baile intermitente y, antes de convertirte en el villano de mi historia, me fui con todo ese amor latiendo en las costillas.

Tampoco ahí te olvidé y siempre me resultó gracioso eso, a lo largo de todos estos años. Tú siempre has sido la persona a la que nunca olvido, pese a que siempre tuviste un miedo inmenso a que fuese así.

No lo creíste nunca y yo tampoco llegué a entenderlo, pero era real, estaba ahí.

Me acuerdo de un fragmento de tu carta, ese en el que sabías que en el futuro cambiarían las cosas y llevabas razón, hoy lo he visto y se me acongoja el pecho.

Te veo, y te quiero. Sé que te quiero. Pero no de la manera en que te quise en verano. Eres parte de mí, parte de mi familia, y es imposible que no sienta amor cuando estás cerca, porque nunca he dejado de sentirlo, nunca.

Llevabas razón, el amor mutaría, y te miro sin lujuria ni deseos románticos. Todo eso se extinguió, como en el resto de mis relaciones pasadas, pero tú tienes este amor siempre latente de vuelta, como si fueses mi hermano.

De alguna manera, sigo contemplándote en el futuro. Pienso que conocerás a Iván, que me verás ser mamá y serás tío, que podrás venir a casa a encontrar aquí otro hogar, que traerás a tu persona de vida y la conoceré, que te veré también ser así de feliz. Pienso en que, este amor que siento por ti, es el mismo que sentí por Sandra, y me hace llorar, porque jamás encontré este amor en otro sitio, jamás pensé que podría recrearse, hasta que te conocí.

No sé qué hay de diferente, ¿sabes? No lo entiendo. No se me dan bien las normas sociales, solo aprendo sus patrones, pero yo siempre me mantuve ausente de los vínculos, porque nunca llegaba a sentir aquello que yo consideraba que era querer a alguien. Todo eso se fue con Sandra y luego, llegaste tú.

Es hermoso y triste sentir esto, porque ya no estás, pero no me quitaría ese sentimiento; es uno de mis favoritos. Yo sé que me guardas cariño también, no he dejado de verlo en tus ojos.

Espero que hayas podido verlo tú en los míos.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Nuestra isla.

Estamos en el suelo del cuarto, la moqueta acoge el peso de nuestros cuerpos plomizos, nos miramos, sombríos, y el mundo parece haberse ralentizado. 

Anoche no separamos nuestros cuerpos al dormir, nunca lo hacemos las raras veces en que aparecen las desavenencias; tampoco lo hemos hecho esta vez.

Ambos lloramos, ¿Cómo no hacerlo? Si nos acogemos cuando lo hacemos, si podemos mostrarnos vulnerables en el pesar de nuestros miedos.

La moqueta es cómoda, tal como Oni siempre nos dice, pero también pica, y reímos. En medio del malentendido, siempre acaban por llegar nuestras risas. Tú nunca encuentras las palabras, esa suelo ser yo, pero, últimamente, las tienes, y yo hace mucho tiempo que dejé de ser ácida cuando tenía miedo; yo sabía que llegarías y trabajé esa versión de mí.

Yo tampoco tengo paciencia, ni soy cálida, ese siempre eres tú, pero, últimamente, también me has enseñado a ser un bálsamo en la tormenta, no sólo una tempestad.

Nuestra desavenencia no ha dejado de doler, pero hemos encontrado, otra vez, la manera de hacerla liviana. Y volvemos a reír, porque hay dolor en no encontrarnos, pero también hay amor al no dejarnos de reconocer en la mirada del otro.

El dolor no ha cejado, pero hay una balsa intermedia, y ambos la hemos acogido como náufragos... No tengo nada que salvar, ni tú tampoco, aquí, tu has traído materiales y yo herramientas. Aquí, podemos construir como iguales.

También hay lágrimas cuando pienso en eso, en que, a ti, no tengo que esconderte quién soy. Tú me ves, intensa, arisca, amorosa, aterrada, llorona, bailonga, feliz... me llevas viendo todo este camino y, entre medias, te desprendes de ideas aprendidas y me enseñas a hacerlo a mí también.

Cuando te conocí, no eras quién eres, tampoco lo era yo. Cuando te conocí, me pediste tiempo para aprender a ser quién necesitaba, y yo te pedí tiempo a ti para poder dártelo de vuelta, porque tú habías olvidado lo que era ser dos con alguien y yo no había conseguido desprenderme del todo de los traumas de mi mochila; tampoco nos forzamos a hacerlo.

Solo nos acompañamos, tú y yo, mientras construíamos la isla.

Hoy, solo quiero decirte que he visto nuestros cimientos desde el suelo y no se han tambaleado... y, para mí, es la primera vez. Quiero decirte que sé que no somos perfectos, pero nuestra isla sí que lo es.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Querido lector.

Querido lector; llevo días pensando en ti.

Me pregunto cuáles serán tus motivaciones para estar activo en un blog olvidado, oculto entre tantas capas de contenido internáutico.

Me pregunto qué encontrarás aquí que no puedan ofrecerte otras páginas, si serás alguien nuevo o alguien del pasado, si serás siempre la misma persona, si serás un bot...

He de confesarte que generas parte de mi dopamina diaria, pero que siempre espero el momento en que te canses y dejes de venir. Si te preguntas el por qué, es sencillo, hace tiempo que quise que mi blog fuese privado, ya no lo enseño a nadie de mi presente, creo que, de alguna manera, desvirtualiza a mis demonios y me obliga a mantenerlos en la apariencia de lo políticamente correcto.

A menudo, me imagino volviéndolo a cerrar otra temporada, pero... ¿Volverás a venir meses después cuando lo haya reabierto? ¿Serás la misma persona por la que tuve que cerrarlo tantos meses atrás?

He de confesarte que mi vida no es tan interesante como pueda parecer este entorno virtual y que lo reabrí porque había una especialista que debía mirarlo. En cierta manera, siempre sentí que tenía una promesa neurodivergente con alguien que dejé atrás y no podía cerrar nuestro capítulo sin haberle hecho ese homenaje... ese y su regalo de cumpleaños, que era retomar mi libro.

A veces, imagino que eres él, solo que luego, me resulta absurdo, porque ha pasado un año y suena inverosímil que hayas descubierto que reabrí mi blog, así que, creo que eres un poco de bot y un poco de lector nuevo y eso, en cierto modo, me "reconforta".

Querido lector, no me gustaría decepcionarte, pero sé que alguna vez lo haré, porque el interés que tengas en mis palabras no siempre se va a mantener vivo. A veces, no entenderás lo que escribo y otras, no te gustará. No es algo que me inquiete, entiéndeme, ¡es mi blog! pero agradezco, en parte, tu fantasmagórica presencia.

Hay visualizaciones en entradas antiguas y... siento decepcionarte de nuevo, pero esa ya no soy yo. 

Creo firmemente en la evolución humana y soy mi proyecto de vida en ese aspecto. Me encantaría relatarte todos los matices que he ido adquiriendo entre las brisas de interacciones humanas que se han ido dejando caer por los valles de mi vida, pero creo que ya habrás podido ver, con tus propios ojos, las distintas disyuntivas a las que he ido enfrentándome. También que soy una persona bastante dual que trata de contemplar todas las perspectivas de un mismo enfoque, admitiendo, que puedo estar de acuerdo con ideas dicotómicas... que soy algo disonante por no querer recaer en un cierre de miras.

Es lo que más amo del ser humano, su ambigüedad.

Querido lector, por si se acabaron los días en los que vuelvas, gracias por venir y, aunque debo admitirte que eres un poco intrusivo, no dejaré de escribir.


La mirada del Daruma.

He pintado tu ojo izquierdo, tuerto, me has mirado, y bajo tu pupila negra, mi destino ha quedado sellado.

Tengo un camino marcado, incierto ya no es ese devenir, y como quieres recuperar tu ojo derecho, mis pasos vas a seguir.

Aguardarás en las sombras, cuando la desidia me invada y, cuando menos me lo espere, habrás clavado, de nuevo, esa tuerta mirada.

Tu ojo derecho va a esforzarse por salir y cierta ha de ser mi promesa si quiero que la luz lo pueda asir. 

jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipse.

En el pavor de los devenires ha de encontrarse siempre la confianza en el lo predestinado.

Y, esta vez, lejos de recaer en una narrativa ostentosa y espiritual que alberge una ciega esperanza en lo que, supóngase, deba "ser para mí", creo más bien, en la magnitud con que encuentro que mi cabeza ha resurgido, tras un período tan largo de estabilidad, confortado lejos de mis antiguas creencias que posicionaban el individualismo como la cumbre del ser.

Ahora, veo esas ideas absurdas, y me regocijo en ello, porque siempre he amado contemplarme a mí misma en retrospectiva y ver cómo mi propia cabeza ha ido trascendiendo, evolucionando e involucionando, cambiado de ideas hasta llevarme a lo que soy actualmente. 

En el pasado, vanagloriosa, hubiese pensado que he alcanzado la magnitud de mi ser al verme tan fuerte en el presente que vivo, sin embargo, mi yo presente no puede más que saber que, esta versión que adulo, no es más que un fragmento del potencial que tengo si no me dejo adormecer de nuevo en inquietudes que liguen con mis traumas y pretensiones que derivan de todos ellos...

¿Que qué quiere decir todo esto?

Que conseguí tener una salud mental con la que siempre había soñado, lejos de seguir postrada ante inquietudes que, pese a necesitarlas, en realidad, siempre me resultaron mundanas. 

Que tengo relaciones sanas, que aceptan las disonancias que a veces presento, con las que puedo ser yo misma sin tener que ocultar ni un fragmento de mi esencia por miedo a ser repudiada por intensa, por sentimental, por compleja...

Que retomé mi libro, porque, en consecuencia de todo ese trabajo, las ideas volvieron a afluir por mi mente, sacando, al fin, ese bloqueo creativo en el que me sumí, junto a mis penas, hace tantos años.

Y que tengo cosas por construir todavía, claro, jamás quise dejar de ser la arquitecta de mi proyección material, solo que, ahora, no las veo de golpe, abrumada por ver tantas metas alejadas de mi misma, sino que las abordo con tranquilidad, sabiendo que, si me ocupo en una, no puedo exigirme ser hábil en las otras, porque es pedirle a mi cuerpo la antinaturalidad de su esencia.

Me vuelvo a rodear de libros, de curiosidades, estudios filosóficos y psicológicos, pero también del ocio que me negaba, por banalizarlo y temer que su influencia me alejase de mi verdadero camino, siendo esta misma acción la que me sumía en bucles eternos y me tenía postrada en la ausencia del hacer, por miedo a decepcionar a la perfección autoimpuesta.

Soy imperfecta y no soy tan lista como me hubiese gustado ser para poder mantenerme siempre impertérrita y haber adquirido todo el conocimiento con el que soñaba, pero, ¿a caso eso importa?

Soy yo, estoy estable, feliz y trabajo en mí misma desde una perspectiva que, hace años, temía que me alejase de lo que quería alcanzar. Porque me aferraba al romanticismo de la bohemia, al pensamiento de que el dolor y la soledad traían el alma del poeta, pero resulta que el alma del poeta siempre estuvo ahí, solo que conseguía sus picos en esas prácticas victimistas sin saber que, en la felicidad, sale de manera menos abrupta, más progresiva, pero también más contundente y estable.

¿Y el eclipse? 

El eclipse no es más que una de mis creencias energéticas, que tanto desentonan y se presentan en disonancia con otras de mi creencias, pero que tan bien representan la constitución de mis pensamientos. 

Yo creo en que el esfuerzo siempre se va a ver influenciado por sucesos que escapan al raciocinio humano y que, en este caso, me han hecho alcanzar una cumbre sobre mí misma.

lunes, 2 de marzo de 2026

El teatro.

Coges mi mano. Tu piel contra mi piel… y la mía se eriza, el corazón se me estremece. Aparece el nudo en mi garganta, y los ojos me escuecen, porque lo que siento por ti brota y me recorre, me acongoja y me quita el aliento.

Te miro y me estás mirando, con tus ojos azules brillando, y pienso que, en mi vida, no he visto unos ojos tan bonitos y me río, porque nunca me han gustado los ojos claros. 

Me sonríes y el corazón salta del pecho. Me besas, mientras la música suena, y cierro con fuerza los ojos, sintiendo el alma revolverse en mi cuerpo, porque la haces libre y ella sigue presa de mi carne.

Lloro, porque tu piel se siente en mi piel, y se me antoja absurdo que nuestros átomos no se estén tocando realmente, cuando yo te siento tan profundo en ella.

No me importa mi enfado, ni la incomodidad de la muchedumbre, ni el alboroto de fuera entrando en esa sala tan mal insonorizada. Me importas tú, a mi lado, diciéndome que me amas, haciendo que me pregunte cómo he tenido tanta suerte.

Y me vuelvo a estremecer, porque creo en Dios aunque nadie lo entienda, aunque no acople con el molde al que parece que he de adaptarme en mis propias rarezas, pero yo creo en él por traerte a mi vida después de todo el aprendizaje. Por traerte en la versión de mí que soñaba con ser algún día.

Y te amo, ¿cómo no hacerlo? Si puedo ser completamente yo y no te da miedo… si sacas lo mejor de mí y haces que me esfuerce en querer mantenerlo.

lunes, 12 de enero de 2026

El miedo.

El recoveco de los vacíos, la antesala de las tempestades. Él se para frente a ella, con mirada ominosa, sabiendo el lugar que ocupa. La capa negra le cubre el cuerpo, envolviéndolo como un envoltorio fúnebre, y su voz llega lejana, con un clamor helado, como el susurro de la muerte.

Ella sabe por qué está ahí, aunque no lo comprende. Esa fantasmagórica antesala no trae más que eso; fantasmas encapuchados. Pero es diferente, como el resto de las veces.

Puede que porque su fantasma vista otra capa, aunque sea difícil adivinarlo entre sus pliegues, o puede que sea ella la que trae un ropaje distinto y todavía no lo ha contemplado en el reflejo de su espejo.