Llevo semanas pensándolo, observando mis sentimientos desde fuera, como un espectador.
Sé como soy y nunca me he reconocido en estos sentimientos, porque no se van nunca y eso es extraño.
Desde que te conocí, lo supe, y esa certeza me estremeció las entrañas. Estaba rota por el maltrato de otra persona y preferí ser el villano de otra historia a hundirte en mi pozo, porque no sabía sostenerlo.
No te olvidé, nunca lo hice, y tu canción siguió sonando perpetuamente, diluida en el tiempo. Pasó un año entero hasta que volvimos a hablar sin reproches ni miedos, y me tocó el turno a mí.
Era tu miedo el que me fustigaba por las noches y me tenía en un baile intermitente y, antes de convertirte en el villano de mi historia, me fui con todo ese amor latiendo en las costillas.
Tampoco ahí te olvidé y siempre me resultó gracioso eso, a lo largo de todos estos años. Tú siempre has sido la persona a la que nunca olvido, pese a que siempre tuviste un miedo inmenso a que fuese así.
No lo creíste nunca y yo tampoco llegué a entenderlo, pero era real, estaba ahí.
Me acuerdo de un fragmento de tu carta, ese en el que sabías que en el futuro cambiarían las cosas y llevabas razón, hoy lo he visto y se me acongoja el pecho.
Te veo, y te quiero. Sé que te quiero. Pero no de la manera en que te quise en verano. Eres parte de mí, parte de mi familia, y es imposible que no sienta amor cuando estás cerca, porque nunca he dejado de sentirlo, nunca.
Llevabas razón, el amor mutaría, y te miro sin lujuria ni deseos románticos. Todo eso se extinguió, como en el resto de mis relaciones pasadas, pero tú tienes este amor siempre latente de vuelta, como si fueses mi hermano.
De alguna manera, sigo contemplándote en el futuro. Pienso que conocerás a Iván, que me verás ser mamá y serás tío, que podrás venir a casa a encontrar aquí otro hogar, que traerás a tu persona de vida y la conoceré, que te veré también ser así de feliz. Pienso en que, este amor que siento por ti, es el mismo que sentí por Sandra, y me hace llorar, porque jamás encontré este amor en otro sitio, jamás pensé que podría recrearse, hasta que te conocí.
No sé qué hay de diferente, ¿sabes? No lo entiendo. No se me dan bien las normas sociales, solo aprendo sus patrones, pero yo siempre me mantuve ausente de los vínculos, porque nunca llegaba a sentir aquello que yo consideraba que era querer a alguien. Todo eso se fue con Sandra y luego, llegaste tú.
Es hermoso y triste sentir esto, porque ya no estás, pero no me quitaría ese sentimiento; es uno de mis favoritos. Yo sé que me guardas cariño también, no he dejado de verlo en tus ojos.
Espero que hayas podido verlo tú en los míos.