martes, 18 de noviembre de 2025

Eliot.

No tengo libretas a mano y parece que la tinta brote por mis dedos. 

Hoy aparece el suspiro del tiempo, el murmullo de lo ajeno, la levedad del ser. Me postro en mi coche a la espera de otro paso más, otro ladrillo férreo por la vida que no pienso impedirme vivir.

A veces, la disciplina te tiende un abrazo amoratado para que saques a fuera esa desidia emponzoñada que había encontrado un recoveco en las entrañas del ser; duele, te confronta, te deja desnuda y aun no te gusta tu cuerpo, pero, ¿como iba a gustarte si lo tapas con esas capas de dejadez disfrazadas de excusa?

He dejado que esa ponzoña me quitase las ganas y se llevase mi menstruación, mientras me quitaba el último sueño por cumplir de este año. 

Perdóname, Alicia, por permitirlo. Por alejarnos de nuestros sueños solo porque la carretera abrasaba los pies y nos estaba tocando andar descalzas.

Hoy empezamos, y, en unos años… ¿quién sabe? Igual esté aprendiendo lengua de signos para su desarrollo cognitivo y pueda empezar a sembrar magia en una pequeña cabecita que nunca sabrá quién fue su mamá antes de convertirse en la mujer que va a conocer.

¿No es también triste y hermoso eso? 

Que conozcamos tan poco de la persona detrás de los errores que tan vilmente juzgamos en nuestras figuras de referencia e idolatremos partes que no tenemos ni una ligera idea de lo que les costó construir… de sus pérdidas y desazones, de sus anhelos y victorias.

¿Quién seré yo para ti? ¿Qué haré mal, qué haré bien?…

La vida es eso a veces, ¿no? Sembrar semillas que no sabes lo que van a llegar a germinar; confiar fielmente en ese proceso.



lunes, 10 de noviembre de 2025

Un minuto de ceniza.

Un minuto de ceniza, eso es lo que pondría en nuestro epígrafe, porque es lo que precede a la intermitente ruina de nuestra muerte.

Al eterno ciclo de desavenencias que traen nuestros reencuentros. Un minuto de ceniza por las veces en que nos hemos inmolado por creer que sabíamos qué era lo mejor para el otro, y solo le veíamos arder en el fuego que habíamos  creado.

Un minuto de ceniza por el fin de esta era, por el fin de nuestra historia, por el comienzo que, tal vez, nunca debió ocurrir. Y en ese silencio que no quepan más lágrimas, que ya se han desvanecido todas con la ausencia del alma.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Nuestro círculo.

Acéptalo; dicen las voces.

Pero tu voz es difusa. Me dice que me quiere y que no me quiere a la vez, ¿no debería ser eso un indicativo de lo segundo?

Eso me digo, noche tras noche, pero me duele el pecho y se me hinchan los ojos. Veo fotos tuyas… inhóspito en mí, ni siquiera he borrado nuestro chat y ya sabes que no soy de aferrarme al pasado. Pero algo me grita en el pecho que vas a volver, como si esto no fuese más que otro proceso; el de tu despertar.

No lo sé, igual fantaseo en la nostalgia y debería hacer ya el camino, pero todavía no se ha cumplido la semana y sigo confiando en ti.

A veces pienso que las cosas son complejas porque nosotros las complicamos. Nuestras cabezas analíticas no pueden rendirse a la sencillez de querer amar y ya está. En el pasado yo, en el presente tú, pero siempre perpetrando este círculo… nuestro círculo.

Igual no somos para el otro. Siempre hay amores imposibles, la historia está plagada de ellos. Igual debamos rendirnos esta vez y dejar de buscarnos en la línea del tiempo, ¿no sería mejor así? Si no sabemos acompañarnos, ¿que sentido tiene todo esto? 

El amor no es lineal, ni los sentimientos… pero tampoco puede ser una turbulencia. Dijiste que somos una tormenta cuando nos separamos o nos desincronizamos… ¿quién va a lanzar el siguiente rayo? dime…

Yo estoy en la arena, mirando al mar. Perdí de vista nuestro bote y conseguí llegar a la orilla. Sigue embravecido con un tempestuoso oleaje y un cielo roto que acribilla sus aguas, dime… ¿te ha alcanzado algún rayo desde que me fui?

Me encantaría decirte que estoy serena, pero no lo estoy. Dame tiempo para que el pecho se calme y tu imagen deje de dibujarse en mi cabeza.

No quiero volver, ¿sabes? No quiero fingir en unos meses que todo esto no ha pasado… no quiero que volvamos a otra tempestad cuando haya conseguido que todo pase, como la que provocaste en verano cuando estaba tan feliz y me sentí tan segura ante nuestro reencuentro.

Quiero que pase el suficiente tiempo como para que la confianza sea irreparable, o el suficiente poco como para salvar las cosas, pero no voy a volver a atraparme en otro limbo, porque me ha destrozado el alma este último.