Sus miradas atraviesan mi piel con el frío filo de la indiferencia y yo solo me pregunto si ven algo más allá cuando usan mi cuerpo.
Si te hablo de ellA, puedo decirte que he sido un bálsamo en sus noches de tormenta, siempre con un escudo de metal para el siguiente rayo, pero que ahora, en medio de su apaciguado charco, yo ya no quepo. Su chute de felicidad y comprensión puede obtenerlo de otro lugar.
Si te hablo de esta otra Mujer, puedo decirte que he sido los ojos que veían su luz y escuchaban su voz, acallada por el ruido de otras conversaciones más fuertes. Ella, te confesaré, siempre quiso eso de mí; llenar su tiempo con mi cuerpo, con un reproche adolorido entre los labios si era incapaz de cumplirlo. Ahora, la miran otros ojos y la escuchan otros oídos, ¿qué voy a decirte? Nunca quise ser el hueco en sus ausencias.
Si te hablo de aquella otra Chica, puedo decirte que he sido su más oscura confidente, su psicóloga en bucles interminables de rigideces y contradicciones, su alma afín que trascendía el tiempo. Pero, ¿sabes? No era un tiempo mundano, ni dentro de sus planes, solo un refugio al que acudir en medio de sus explosiones. Entre medias, no soy nada, ni siquiera una confidente hecha de carne, porque soy virtual. Y te añadiré que, cuando te sales de sus planes, de la cuadratura de aquellas inverosímiles ideas que le confrontas, no querrá saber nada de ti. Te relegará al marco del olvido hasta su siguiente explosión.
Entonces yo, que nunca me embarré más allá de las rodillas, retrocedo en el lodo y lo contemplo todo. Igual no te lo haya dicho, pero yo misma puse este lodo aquí hace tres años, arrojando cubo tras cubo de inseguridades y miedos, camuflados bajo la máscara de la complacencia, de la utilidad. Y tú ya sabes lo que les pasa a las personas cuya valía se basa únicamente en su utilidad... que la invisibilidad les acecha como una sombra y las engulle cuando llega su obsolescencia programada.
No entré del todo en aquel lodazal, porque sabía que me metía con Berni y que en algún momento debía pedirle que se marchase. Ahora, Berni no está, yo ya no siento mío todo esto. Ahora, solo me acompaña Alicia, y sé que esta versión de mí, la que me esfuerzo porque sea verdadera, no les resulta suficiente.
El porqué lo tengo oscilando entre mis dedos y es que esa antigua Alicia esos tres años en una relación que relamió su piel y le carcomió los huesos, dando a todos aquello que no tenía por sentirse vista. Y cuando pudo reencontrarse a sí misma y quitarse esa venda, ya era tarde. Estaba estancada hasta las rodillas en su lodo y sus límites habían quedado embarrados. Y, dime tú, ¿a quién le van a gustar los límites cuando se han vivido tres años en sus ausencias?
Siempre pienso en la dualidad como una voz el los recovecos del cráneo, que susurra lo que quieres y no quieres a la vez, que habla pastosa para sonar estridente y generar angustia... Esta vez se ha empeñado en preguntarme... ¿qué es lo que quieres Alicia? Pero mi respuesta le resulta insulsa porque sabe que no puedo mantener lo que tenía a menos que vuelva a esa unilateralidad... porque sabe que me niego a quererme tan poco de nuevo.
Luego, están esas otras miradas. Estas se mantienen con una presencia plomiza.
Te confesaré que no hay nada que yo quiera resolver de ellas, solo dejarlas ciegas para que dejen de mirarme. Porque cuando sé que no estoy bailando al son de su música, caen sobre mí y me cortan las respiración. Pero es que a mí esa música no me gusta, entonces, solo parece existir una explicación para ellas. Es obvio, ¿no? Será que no sé disfrutar de la buena música.
Necesito, entonces, alejarme. Pero ¿dónde voy a ir sin perder la vida que he construido?
Así que, me mantengo en ese ambiente que me resulta tan hostil, entre sus risas enlatadas y sus dialectos incomprensibles. Aguardo un tono cálido para que el hielo de mi garganta se derrita... pero, en días como hoy, no lo hace y, aunque llegue, sé que es un placebo porque detecto la mentira en esas miradas plomizas.
Luego entonces, vuelve la dualidad, y trae esa otra pregunta ¿por qué, si no te importan estas personas, la presencia de sus miradas te causa tanta congoja? ¿por qué, entre las relaciones humanas, te cuesta tanto salir de tus polaridades?
Y en esta etapa, pesa tanto, que ya me ha confesado su nombre.
Te presento a Catarsis.