miércoles, 26 de agosto de 2026

Querido lector.

Querido lector; llevo días pensando en ti.

Me pregunto cuáles serán tus motivaciones para estar activo en un blog olvidado, oculto entre tantas capas de contenido internáutico.

Me pregunto qué encontrarás aquí que no puedan ofrecerte otras páginas, si serás alguien nuevo o alguien del pasado, si serás siempre la misma persona, si serás un bot...

He de confesarte que generas parte de mi dopamina diaria, pero que siempre espero el momento en que te canses y dejes de venir. Si te preguntas el por qué, es sencillo, hace tiempo que quise que mi blog fuese privado, ya no lo enseño a nadie de mi presente, creo que, de alguna manera, desvirtualiza a mis demonios y me obliga a mantenerlos en la apariencia de lo políticamente correcto.

A menudo, me imagino volviéndolo a cerrar otra temporada, pero... ¿Volverás a venir meses después cuando lo haya reabierto? ¿Serás la misma persona por la que tuve que cerrarlo tantos meses atrás?

He de confesarte que mi vida no es tan interesante como pueda parecer este entorno virtual y que lo reabrí porque había una especialista que debía mirarlo. En cierta manera, siempre sentí que tenía una promesa neurodivergente con alguien que dejé atrás y no podía cerrar nuestro capítulo sin haberle hecho ese homenaje... ese y su regalo de cumpleaños, que era retomar mi libro.

A veces, imagino que eres él, solo que luego, me resulta absurdo, porque ha pasado un año y suena inverosímil que hayas descubierto que reabrí mi blog, así que, creo que eres un poco de bot y un poco de lector nuevo y eso, en cierto modo, me "reconforta".

Querido lector, no me gustaría decepcionarte, pero sé que alguna vez lo haré, porque el interés que tengas en mis palabras no siempre se va a mantener vivo. A veces, no entenderás lo que escribo y otras, no te gustará. No es algo que me inquiete, entiéndeme, ¡es mi blog! pero agradezco, en parte, tu fantasmagórica presencia.

Hay visualizaciones en entradas antiguas y... siento decepcionarte de nuevo, pero esa ya no soy yo. 

Creo firmemente en la evolución humana y soy mi proyecto de vida en ese aspecto. Me encantaría relatarte todos los matices que he ido adquiriendo entre las brisas de interacciones humanas que se han ido dejando caer por los valles de mi vida, pero creo que ya habrás podido ver, con tus propios ojos, las distintas disyuntivas a las que he ido enfrentándome. También que soy una persona bastante dual que trata de contemplar todas las perspectivas de un mismo enfoque, admitiendo, que puedo estar de acuerdo con ideas dicotómicas... que soy algo disonante por no querer recaer en un cierre de miras.

Es lo que más amo del ser humano, su ambigüedad.

Querido lector, por si se acabaron los días en los que vuelvas, gracias por venir y, aunque debo admitirte que eres un poco intrusivo, no dejaré de escribir.


La mirada del Daruma.

He pintado tu ojo izquierdo, tuerto, me has mirado, y bajo tu pupila negra, mi destino ha quedado sellado.

Tengo un camino marcado, incierto ya no es ese devenir, y como quieres recuperar tu ojo derecho, mis pasos vas a seguir.

Aguardarás en las sombras, cuando la desidia me invada y, cuando menos me lo espere, habrás clavado, de nuevo, esa tuerta mirada.

Tu ojo derecho va a esforzarse por salir y cierta ha de ser mi promesa si quiero que la luz lo pueda asir. 

jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipse.

En el pavor de los devenires ha de encontrarse siempre la confianza en el lo predestinado.

Y, esta vez, lejos de recaer en una narrativa ostentosa y espiritual que alberge una ciega esperanza en lo que, supóngase, deba "ser para mí", creo más bien, en la magnitud con que encuentro que mi cabeza ha resurgido, tras un período tan largo de estabilidad, confortado lejos de mis antiguas creencias que posicionaban el individualismo como la cumbre del ser.

Ahora, veo esas ideas absurdas, y me regocijo en ello, porque siempre he amado contemplarme a mí misma en retrospectiva y ver cómo mi propia cabeza ha ido trascendiendo, evolucionando e involucionando, cambiado de ideas hasta llevarme a lo que soy actualmente. 

En el pasado, vanagloriosa, hubiese pensado que he alcanzado la magnitud de mi ser al verme tan fuerte en el presente que vivo, sin embargo, mi yo presente no puede más que saber que, esta versión que adulo, no es más que un fragmento del potencial que tengo si no me dejo adormecer de nuevo en inquietudes que liguen con mis traumas y pretensiones que derivan de todos ellos...

¿Que qué quiere decir todo esto?

Que conseguí tener una salud mental con la que siempre había soñado, lejos de seguir postrada ante inquietudes que, pese a necesitarlas, en realidad, siempre me resultaron mundanas. 

Que tengo relaciones sanas, que aceptan las disonancias que a veces presento, con las que puedo ser yo misma sin tener que ocultar ni un fragmento de mi esencia por miedo a ser repudiada por intensa, por sentimental, por compleja...

Que retomé mi libro, porque, en consecuencia de todo ese trabajo, las ideas volvieron a afluir por mi mente, sacando, al fin, ese bloqueo creativo en el que me sumí, junto a mis penas, hace tantos años.

Y que tengo cosas por construir todavía, claro, jamás quise dejar de ser la arquitecta de mi proyección material, solo que, ahora, no las veo de golpe, abrumada por ver tantas metas alejadas de mi misma, sino que las abordo con tranquilidad, sabiendo que, si me ocupo en una, no puedo exigirme ser hábil en las otras, porque es pedirle a mi cuerpo la antinaturalidad de su esencia.

Me vuelvo a rodear de libros, de curiosidades, estudios filosóficos y psicológicos, pero también del ocio que me negaba, por banalizarlo y temer que su influencia me alejase de mi verdadero camino, siendo esta misma acción la que me sumía en bucles eternos y me tenía postrada en la ausencia del hacer, por miedo a decepcionar a la perfección autoimpuesta.

Soy imperfecta y no soy tan lista como me hubiese gustado ser para poder mantenerme siempre impertérrita y haber adquirido todo el conocimiento con el que soñaba, pero, ¿a caso eso importa?

Soy yo, estoy estable, feliz y trabajo en mí misma desde una perspectiva que, hace años, temía que me alejase de lo que quería alcanzar. Porque me aferraba al romanticismo de la bohemia, al pensamiento de que el dolor y la soledad traían el alma del poeta, pero resulta que el alma del poeta siempre estuvo ahí, solo que conseguía sus picos en esas prácticas victimistas sin saber que, en la felicidad, sale de manera menos abrupta, más progresiva, pero también más contundente y estable.

¿Y el eclipse? 

El eclipse no es más que una de mis creencias energéticas, que tanto desentonan y se presentan en disonancia con otras de mi creencias, pero que tan bien representan la constitución de mis pensamientos. 

Yo creo en que el esfuerzo siempre se va a ver influenciado por sucesos que escapan al raciocinio humano y que, en este caso, me han hecho alcanzar una cumbre sobre mí misma.

lunes, 2 de marzo de 2026

El teatro.

Coges mi mano. Tu piel contra mi piel… y la mía se eriza, el corazón se me estremece. Aparece el nudo en mi garganta, y los ojos me escuecen, porque lo que siento por ti brota y me recorre, me acongoja y me quita el aliento.

Te miro y me estás mirando, con tus ojos azules brillando, y pienso que, en mi vida, no he visto unos ojos tan bonitos y me río, porque nunca me han gustado los ojos claros. 

Me sonríes y el corazón salta del pecho. Me besas, mientras la música suena, y cierro con fuerza los ojos, sintiendo el alma revolverse en mi cuerpo, porque la haces libre y ella sigue presa de mi carne.

Lloro, porque tu piel se siente en mi piel, y se me antoja absurdo que nuestros átomos no se estén tocando realmente, cuando yo te siento tan profundo en ella.

No me importa mi enfado, ni la incomodidad de la muchedumbre, ni el alboroto de fuera entrando en esa sala tan mal insonorizada. Me importas tú, a mi lado, diciéndome que me amas, haciendo que me pregunte cómo he tenido tanta suerte.

Y me vuelvo a estremecer, porque creo en Dios aunque nadie lo entienda, aunque no acople con el molde al que parece que he de adaptarme en mis propias rarezas, pero yo creo en él por traerte a mi vida después de todo el aprendizaje. Por traerte en la versión de mí que soñaba con ser algún día.

Y te amo, ¿cómo no hacerlo? Si puedo ser completamente yo y no te da miedo… si sacas lo mejor de mí y haces que me esfuerce en querer mantenerlo.

lunes, 12 de enero de 2026

El miedo.

El recoveco de los vacíos, la antesala de las tempestades. Él se para frente a ella, con mirada ominosa, sabiendo el lugar que ocupa. La capa negra le cubre el cuerpo, envolviéndolo como un envoltorio fúnebre, y su voz llega lejana, con un clamor helado, como el susurro de la muerte.

Ella sabe por qué está ahí, aunque no lo comprende. Esa fantasmagórica antesala no trae más que eso; fantasmas encapuchados. Pero es diferente, como el resto de las veces.

Puede que porque su fantasma vista otra capa, aunque sea difícil adivinarlo entre sus pliegues, o puede que sea ella la que trae un ropaje distinto y todavía no lo ha contemplado en el reflejo de su espejo.

martes, 18 de noviembre de 2025

Eliot.

No tengo libretas a mano y parece que la tinta brote por mis dedos. 

Hoy aparece el suspiro del tiempo, el murmullo de lo ajeno, la levedad del ser. Me postro en mi coche a la espera de otro paso más, otro ladrillo férreo por la vida que no pienso impedirme vivir.

A veces, la disciplina te tiende un abrazo amoratado para que saques a fuera esa desidia emponzoñada que había encontrado un recoveco en las entrañas del ser; duele, te confronta, te deja desnuda y aun no te gusta tu cuerpo, pero, ¿como iba a gustarte si lo tapas con esas capas de dejadez disfrazadas de excusa?

He dejado que esa ponzoña me quitase las ganas y se llevase mi menstruación, mientras me quitaba el último sueño por cumplir de este año. 

Perdóname, Alicia, por permitirlo. Por alejarnos de nuestros sueños solo porque la carretera abrasaba los pies y nos estaba tocando andar descalzas.

Hoy empezamos, y, en unos años… ¿quién sabe? Igual esté aprendiendo lengua de signos para su desarrollo cognitivo y pueda empezar a sembrar magia en una pequeña cabecita que nunca sabrá quién fue su mamá antes de convertirse en la mujer que va a conocer.

¿No es también triste y hermoso eso? 

Que conozcamos tan poco de la persona detrás de los errores que tan vilmente juzgamos en nuestras figuras de referencia e idolatremos partes que no tenemos ni una ligera idea de lo que les costó construir… de sus pérdidas y desazones, de sus anhelos y victorias.

¿Quién seré yo para ti? ¿Qué haré mal, qué haré bien?…

La vida es eso a veces, ¿no? Sembrar semillas que no sabes lo que van a llegar a germinar; confiar fielmente en ese proceso.



lunes, 10 de noviembre de 2025

Un minuto de ceniza.

Un minuto de ceniza, eso es lo que pondría en nuestro epígrafe, porque es lo que precede a la intermitente ruina de nuestra muerte.

Al eterno ciclo de desavenencias que traen nuestros reencuentros. Un minuto de ceniza por las veces en que nos hemos inmolado por creer que sabíamos qué era lo mejor para el otro, y solo le veíamos arder en el fuego que habíamos  creado.

Un minuto de ceniza por el fin de esta era, por el fin de nuestra historia, por el comienzo que, tal vez, nunca debió ocurrir. Y en ese silencio que no quepan más lágrimas, que ya se han desvanecido todas con la ausencia del alma.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Nuestro círculo.

Acéptalo; dicen las voces.

Pero tu voz es difusa. Me dice que me quiere y que no me quiere a la vez, ¿no debería ser eso un indicativo de lo segundo?

Eso me digo, noche tras noche, pero me duele el pecho y se me hinchan los ojos. Veo fotos tuyas… inhóspito en mí, ni siquiera he borrado nuestro chat y ya sabes que no soy de aferrarme al pasado. Pero algo me grita en el pecho que vas a volver, como si esto no fuese más que otro proceso; el de tu despertar.

No lo sé, igual fantaseo en la nostalgia y debería hacer ya el camino, pero todavía no se ha cumplido la semana y sigo confiando en ti.

A veces pienso que las cosas son complejas porque nosotros las complicamos. Nuestras cabezas analíticas no pueden rendirse a la sencillez de querer amar y ya está. En el pasado yo, en el presente tú, pero siempre perpetrando este círculo… nuestro círculo.

Igual no somos para el otro. Siempre hay amores imposibles, la historia está plagada de ellos. Igual debamos rendirnos esta vez y dejar de buscarnos en la línea del tiempo, ¿no sería mejor así? Si no sabemos acompañarnos, ¿que sentido tiene todo esto? 

El amor no es lineal, ni los sentimientos… pero tampoco puede ser una turbulencia. Dijiste que somos una tormenta cuando nos separamos o nos desincronizamos… ¿quién va a lanzar el siguiente rayo? dime…

Yo estoy en la arena, mirando al mar. Perdí de vista nuestro bote y conseguí llegar a la orilla. Sigue embravecido con un tempestuoso oleaje y un cielo roto que acribilla sus aguas, dime… ¿te ha alcanzado algún rayo desde que me fui?

Me encantaría decirte que estoy serena, pero no lo estoy. Dame tiempo para que el pecho se calme y tu imagen deje de dibujarse en mi cabeza.

No quiero volver, ¿sabes? No quiero fingir en unos meses que todo esto no ha pasado… no quiero que volvamos a otra tempestad cuando haya conseguido que todo pase, como la que provocaste en verano cuando estaba tan feliz y me sentí tan segura ante nuestro reencuentro.

Quiero que pase el suficiente tiempo como para que la confianza sea irreparable, o el suficiente poco como para salvar las cosas, pero no voy a volver a atraparme en otro limbo, porque me ha destrozado el alma este último.

jueves, 30 de octubre de 2025

Tu ausencia.

No puedo dormir. 
No puedo dormir porque pienso en ti y la noche es el preámbulo de las pesadillas.
Mi madre me dijo el otro día que si estaba contenta porque me brillaban los ojos…
Mamá, los ojos me brillan porque llevo días sin dormir bien, llevo días con los ojos hinchados de llorar por las noches, ¿cómo te digo esto?
Es una fase, ya lo sé, claro que lo es. He pasado mil y una fases como esta, mi cuerpo ya tiene la explicación lógica, pero no sabe cuánto tiempo va a quedarse el dolor esta vez, ahora que lo dejamos existir… dile tú que resista, yo estoy cansada de hacerlo.
Vivo en una dualidad constante y he descubierto que no es algo común, que es propio de personas más profundas. Luego entonces, puedo comprender por qué te asusta mi procesamiento opuesto sobre un mismo asunto, si no lo vives diariamente, es normal la sorpresa cuando nos reencontramos y te encuentras con el otro polo, tras la larga ecuación que se ha batallado en mi mente.
¿Qué más podría decirme para consolar a mi alma en estas noches intempestivas? 
Ya sabe todo lo que le puedo decir, se conoce mis chascarrillos manipulativos a la perfección, pero la realidad es otra.
La realidad es tu ausencia; nuestra ausencia.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Amnesia.

Y cuando el brillo de nuestros ojos no sea reconocido por nadie más, podremos mirar las cenizas de nuestro amor, consumidas por el fuego de la inestabilidad que conferíamos al otro.

Tu ausencia vuelve y, con ella, ha de volver la amnesia. Desaprender lo que éramos juntos, olvidar el sonido de nuestra canción y, con el tiempo, puede que nuestro recuerdo solo sea una brisa plomiza en el corazón. Un soplo que te asalta de madrugada, cuando el frío opaca los cristales y no hay donde resguardarse. 

Puede, incluso, que surja en la embriaguez de una noche, rodeados de conversaciones banales, de ruido y luces, del murmullo de la ciudad… igual, es un sorbo de amargura en una mañana ocupada, donde nada tiene sentido y añoras la calidez de esa sonrisa.

No lo sé. Es lo que tiene la amnesia, no sabes cuándo va a nublar tu vista de dolor, cuándo va a quebrarte en dos y dejarte desvaído en medio de la nada.

Tal vez tu mente siga diciéndote que hay un lugar en un cálido futuro donde podemos volver a encontrarnos… donde podrías volver a acariciar mi pelo, besar mi frente y mirar con profundidad mis ojos en medio de sonrisas. ¿Y qué podría decirte mas que no lo sé…? Eso es lo que más me  atormenta…  que, después de todo este dolor, vaya a dejar de sentir amor en tu mirada, en la mía… que ya no te vuelva a encontrar, que este verano te haya perdido para siempre y solo esté alargando el momento de darme cuenta…

Las noches han empezado a consumirme. Otro proceso de la amnesia. Me despierto en medio de la oscuridad y tu cara me atormenta. Coexistes en dos versiones; la que ha amado cada poro de mi piel, sin preocuparse nunca del choque de nuestros temperamentos, y la que me ha alejado ante esa misma perspectiva, consumida por el miedo.

La segunda va ganando y expande un horrible terror que me punza el corazón. Me pregunto cuánto tardará en asumir la soberanía de tu recuerdo, culminando con la siembra de un miedo permanente que no se vaya a ir si vuelves.

Ahora, me siento insuficiente. Otra vez más odio mi sensibilidad y los problemas que acarrea… ojalá pudieses entender mi procesamiento de la realidad y conseguir con ello que no te asustase tanto… ojalá no me hubieses repudiado esta vez por ello. Ojalá te dieses cuenta que, en la estabilidad, mi sensibilidad florece y se estabiliza también… que todo este amor que idolatras, nace también de aquello que odias de mí… ojalá pudieses ver lo paradójico que es eso, y lo que duele.

He soñado muchas veces que llegabas a ser capaz de escuchar lo que digo y no solo quedarte en la superficie del tono que no te gusta, que veías más allá de mi miedo y conectabas con mi esencia, en la simpleza de escucharme con amor y aportando aquello que pudieses. Ojalá supieses que no tenía más anhelo en ti que ese. Pero tengo que romper la imagen de tu madurez, porque solo existe en nuestras despedidas… y estoy cansada de despedirme para verte florecer.

Imagino que mi ausencia será eso esta vez; un florecimiento. Que la acogerás desde el amor que siento por ti esta vez, y no desde el dolor y la rabia, como la última. Envidio a quién vaya a conocer esa parte tuya, a quien vayas a mirar como me miras a mí, a quien vayas a amar como me amaste a mí.

En mi florecimiento, quiero aprender a preguntar antes de suponer con mi reticente análisis cuando no tengo las respuestas que necesito, es lo que le prometo al fantasma de tu ausencia. Que escucharé y me guardaré para mí las respuestas inconclusas de mi mente, si a la otra persona le cuesta dármelas. Pero también te prometo que aprenderé a ser capaz de explicar que soy PAS y que eso significa que mi cabeza necesita comprender lo que ocurre para poder verlo desde el alma. Espero que puedas desearme también que mire a los siguientes ojos con todo ese amor madurado, sobre todo el propio, y que sepas que fue gracias a entender tu dolor hacia mí que pude dar ese paso. 

Gracias por enseñarme lo que otros no supieron, gracias por hablarme sin miedo, desde el corazón esta vez.