lunes, 2 de marzo de 2026

El teatro.

Coges mi mano. Tu piel contra mi piel… y la mía se eriza, el corazón se me estremece. Aparece el nudo en mi garganta, y los ojos me escuecen, porque lo que siento por ti brota y me recorre, me acongoja y me quita el aliento.

Te miro y me estás mirando, con tus ojos azules brillando, y pienso que, en mi vida, no he visto unos ojos tan bonitos y me río, porque nunca me han gustado los ojos claros. 

Me sonríes y el corazón salta del pecho. Me besas, mientras la música suena, y cierro con fuerza los ojos, sintiendo el alma revolverse en mi cuerpo, porque la haces libre y ella sigue presa de mi carne.

Lloro, porque tu piel se siente en mi piel, y se me antoja absurdo que nuestros átomos no se estén tocando realmente, cuando yo te siento tan profundo en ella.

No me importa mi enfado, ni la incomodidad de la muchedumbre, ni el alboroto de fuera entrando en esa sala tan mal insonorizada. Me importas tú, a mi lado, diciéndome que me amas, haciendo que me pregunte cómo he tenido tanta suerte.

Y me vuelvo a estremecer, porque creo en Dios aunque nadie lo entienda, aunque no acople con el molde al que parece que he de adaptarme en mis propias rarezas, pero yo creo en él por traerte a mi vida después de todo el aprendizaje. Por traerte en la versión de mí que soñaba con ser algún día.

Y te amo, ¿cómo no hacerlo? Si puedo ser completamente yo y no te da miedo… si sacas lo mejor de mí y haces que me esfuerce en querer mantenerlo.

lunes, 12 de enero de 2026

El miedo.

El recoveco de los vacíos, la antesala de las tempestades. Él se pars frente a ella, con mirada ominosa, sabiendo el lugar que ocupa. La capa negra le cubre el cuerpo, envolviéndolo como un envoltorio fúnebre, y au voz llega lejana, con un clamor helado, como el susurro de la muerte.

Ella sabe por qué está ahí, aunque no lo comprende. Esa fantasmagórica antesala no trae más que eso; fantasmas encapuchados. Pero es diferente, como el resto de las veces.

Puede que porque su fantasma vista otra capa, aunque sea difícil adivinarlo entre sus pliegues, o puede que sea ella la que trae un ropaje distinto y todavía no lo ha contemplado en el reflejo de su espejo.

martes, 18 de noviembre de 2025

Eliot.

No tengo libretas a mano y parece que la tinta brote por mis dedos. 

Hoy aparece el suspiro del tiempo, el murmullo de lo ajeno, la levedad del ser. Me postro en mi coche a la espera de otro paso más, otro ladrillo férreo por la vida que no pienso impedirme vivir.

A veces, la disciplina te tiende un abrazo amoratado para que saques a fuera esa desidia emponzoñada que había encontrado un recoveco en las entrañas del ser; duele, te confronta, te deja desnuda y aun no te gusta tu cuerpo, pero, ¿como iba a gustarte si lo tapas con esas capas de dejadez disfrazadas de excusa?

He dejado que esa ponzoña me quitase las ganas y se llevase mi menstruación, mientras me quitaba el último sueño por cumplir de este año. 

Perdóname, Alicia, por permitirlo. Por alejarnos de nuestros sueños solo porque la carretera abrasaba los pies y nos estaba tocando andar descalzas.

Hoy empezamos, y, en unos años… ¿quién sabe? Igual esté aprendiendo lengua de signos para su desarrollo cognitivo y pueda empezar a sembrar magia en una pequeña cabecita que nunca sabrá quién fue su mamá antes de convertirse en la mujer que va a conocer.

¿No es también triste y hermoso eso? 

Que conozcamos tan poco de la persona detrás de los errores que tan vilmente juzgamos en nuestras figuras de referencia e idolatremos partes que no tenemos ni una ligera idea de lo que les costó construir… de sus pérdidas y desazones, de sus anhelos y victorias.

¿Quién seré yo para ti? ¿Qué haré mal, qué haré bien?…

La vida es eso a veces, ¿no? Sembrar semillas que no sabes lo que van a llegar a germinar; confiar fielmente en ese proceso.



lunes, 10 de noviembre de 2025

Un minuto de ceniza.

Un minuto de ceniza, eso es lo que pondría en nuestro epígrafe, porque es lo que precede a la intermitente ruina de nuestra muerte.

Al eterno ciclo de desavenencias que traen nuestros reencuentros. Un minuto de ceniza por las veces en que nos hemos inmolado por creer que sabíamos qué era lo mejor para el otro, y solo le veíamos arder en el fuego que habíamos  creado.

Un minuto de ceniza por el fin de esta era, por el fin de nuestra historia, por el comienzo que, tal vez, nunca debió ocurrir. Y en ese silencio que no quepan más lágrimas, que ya se han desvanecido todas con la ausencia del alma.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Nuestro círculo.

Acéptalo; dicen las voces.

Pero tu voz es difusa. Me dice que me quiere y que no me quiere a la vez, ¿no debería ser eso un indicativo de lo segundo?

Eso me digo, noche tras noche, pero me duele el pecho y se me hinchan los ojos. Veo fotos tuyas… inhóspito en mí, ni siquiera he borrado nuestro chat y ya sabes que no soy de aferrarme al pasado. Pero algo me grita en el pecho que vas a volver, como si esto no fuese más que otro proceso; el de tu despertar.

No lo sé, igual fantaseo en la nostalgia y debería hacer ya el camino, pero todavía no se ha cumplido la semana y sigo confiando en ti.

A veces pienso que las cosas son complejas porque nosotros las complicamos. Nuestras cabezas analíticas no pueden rendirse a la sencillez de querer amar y ya está. En el pasado yo, en el presente tú, pero siempre perpetrando este círculo… nuestro círculo.

Igual no somos para el otro. Siempre hay amores imposibles, la historia está plagada de ellos. Igual debamos rendirnos esta vez y dejar de buscarnos en la línea del tiempo, ¿no sería mejor así? Si no sabemos acompañarnos, ¿que sentido tiene todo esto? 

El amor no es lineal, ni los sentimientos… pero tampoco puede ser una turbulencia. Dijiste que somos una tormenta cuando nos separamos o nos desincronizamos… ¿quién va a lanzar el siguiente rayo? dime…

Yo estoy en la arena, mirando al mar. Perdí de vista nuestro bote y conseguí llegar a la orilla. Sigue embravecido con un tempestuoso oleaje y un cielo roto que acribilla sus aguas, dime… ¿te ha alcanzado algún rayo desde que me fui?

Me encantaría decirte que estoy serena, pero no lo estoy. Dame tiempo para que el pecho se calme y tu imagen deje de dibujarse en mi cabeza.

No quiero volver, ¿sabes? No quiero fingir en unos meses que todo esto no ha pasado… no quiero que volvamos a otra tempestad cuando haya conseguido que todo pase, como la que provocaste en verano cuando estaba tan feliz y me sentí tan segura ante nuestro reencuentro.

Quiero que pase el suficiente tiempo como para que la confianza sea irreparable, o el suficiente poco como para salvar las cosas, pero no voy a volver a atraparme en otro limbo, porque me ha destrozado el alma este último.

jueves, 30 de octubre de 2025

Tu ausencia.

No puedo dormir. 
No puedo dormir porque pienso en ti y la noche es el preámbulo de las pesadillas.
Mi madre me dijo el otro día que si estaba contenta porque me brillaban los ojos…
Mamá, los ojos me brillan porque llevo días sin dormir bien, llevo días con los ojos hinchados de llorar por las noches, ¿cómo te digo esto?
Es una fase, ya lo sé, claro que lo es. He pasado mil y una fases como esta, mi cuerpo ya tiene la explicación lógica, pero no sabe cuánto tiempo va a quedarse el dolor esta vez, ahora que lo dejamos existir… dile tú que resista, yo estoy cansada de hacerlo.
Vivo en una dualidad constante y he descubierto que no es algo común, que es propio de personas más profundas. Luego entonces, puedo comprender por qué te asusta mi procesamiento opuesto sobre un mismo asunto, si no lo vives diariamente, es normal la sorpresa cuando nos reencontramos y te encuentras con el otro polo, tras la larga ecuación que se ha batallado en mi mente.
¿Qué más podría decirme para consolar a mi alma en estas noches intempestivas? 
Ya sabe todo lo que le puedo decir, se conoce mis chascarrillos manipulativos a la perfección, pero la realidad es otra.
La realidad es tu ausencia; nuestra ausencia.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Amnesia.

Y cuando el brillo de nuestros ojos no sea reconocido por nadie más, podremos mirar las cenizas de nuestro amor, consumidas por el fuego de la inestabilidad que conferíamos al otro.

Tu ausencia vuelve y, con ella, ha de volver la amnesia. Desaprender lo que éramos juntos, olvidar el sonido de nuestra canción y, con el tiempo, puede que nuestro recuerdo solo sea una brisa plomiza en el corazón. Un soplo que te asalta de madrugada, cuando el frío opaca los cristales y no hay donde resguardarse. 

Puede, incluso, que surja en la embriaguez de una noche, rodeados de conversaciones banales, de ruido y luces, del murmullo de la ciudad… igual, es un sorbo de amargura en una mañana ocupada, donde nada tiene sentido y añoras la calidez de esa sonrisa.

No lo sé. Es lo que tiene la amnesia, no sabes cuándo va a nublar tu vista de dolor, cuándo va a quebrarte en dos y dejarte desvaído en medio de la nada.

Tal vez tu mente siga diciéndote que hay un lugar en un cálido futuro donde podemos volver a encontrarnos… donde podrías volver a acariciar mi pelo, besar mi frente y mirar con profundidad mis ojos en medio de sonrisas. ¿Y qué podría decirte mas que no lo sé…? Eso es lo que más me  atormenta…  que, después de todo este dolor, vaya a dejar de sentir amor en tu mirada, en la mía… que ya no te vuelva a encontrar, que este verano te haya perdido para siempre y solo esté alargando el momento de darme cuenta…

Las noches han empezado a consumirme. Otro proceso de la amnesia. Me despierto en medio de la oscuridad y tu cara me atormenta. Coexistes en dos versiones; la que ha amado cada poro de mi piel, sin preocuparse nunca del choque de nuestros temperamentos, y la que me ha alejado ante esa misma perspectiva, consumida por el miedo.

La segunda va ganando y expande un horrible terror que me punza el corazón. Me pregunto cuánto tardará en asumir la soberanía de tu recuerdo, culminando con la siembra de un miedo permanente que no se vaya a ir si vuelves.

Ahora, me siento insuficiente. Otra vez más odio mi sensibilidad y los problemas que acarrea… ojalá pudieses entender mi procesamiento de la realidad y conseguir con ello que no te asustase tanto… ojalá no me hubieses repudiado esta vez por ello. Ojalá te dieses cuenta que, en la estabilidad, mi sensibilidad florece y se estabiliza también… que todo este amor que idolatras, nace también de aquello que odias de mí… ojalá pudieses ver lo paradójico que es eso, y lo que duele.

He soñado muchas veces que llegabas a ser capaz de escuchar lo que digo y no solo quedarte en la superficie del tono que no te gusta, que veías más allá de mi miedo y conectabas con mi esencia, en la simpleza de escucharme con amor y aportando aquello que pudieses. Ojalá supieses que no tenía más anhelo en ti que ese. Pero tengo que romper la imagen de tu madurez, porque solo existe en nuestras despedidas… y estoy cansada de despedirme para verte florecer.

Imagino que mi ausencia será eso esta vez; un florecimiento. Que la acogerás desde el amor que siento por ti esta vez, y no desde el dolor y la rabia, como la última. Envidio a quién vaya a conocer esa parte tuya, a quien vayas a mirar como me miras a mí, a quien vayas a amar como me amaste a mí.

En mi florecimiento, quiero aprender a preguntar antes de suponer con mi reticente análisis cuando no tengo las respuestas que necesito, es lo que le prometo al fantasma de tu ausencia. Que escucharé y me guardaré para mí las respuestas inconclusas de mi mente, si a la otra persona le cuesta dármelas. Pero también te prometo que aprenderé a ser capaz de explicar que soy PAS y que eso significa que mi cabeza necesita comprender lo que ocurre para poder verlo desde el alma. Espero que puedas desearme también que mire a los siguientes ojos con todo ese amor madurado, sobre todo el propio, y que sepas que fue gracias a entender tu dolor hacia mí que pude dar ese paso. 

Gracias por enseñarme lo que otros no supieron, gracias por hablarme sin miedo, desde el corazón esta vez.

martes, 21 de octubre de 2025

El bote.

Llevamos este bote en estas aguas tempestuosas. Hace unos meses que has decidido dejar de remar e ir a la proa. En tus ojos, brilla el fantasma del miedo a caer por la borda y tus acciones han delegado los remos en mí, confiando que podrás seguir de pie, en la proa, sin caer al agua…solo por no remar.

Lo que no entiendes es que la fatiga ha llegado a mis brazos y el amor se desvanece entre los vientos de tormenta, que tu figura ha empezado a ser un borrón unos metros más adelante, y el agua ha seguido salpicándome el suéter hasta calarme los huesos.

Lo que no entiendes es que, en esta soledad, el amor que he empezado a sentir es propio. Que ya he perdido un remo y no puedo seguir guiándonos a la orilla yo sola. Entonces… dime, ¿vas a dejar que tu miedo te hunda en el agua mientras yo nado hacia mi propia orilla, o vas a coger el oro remo y trabajar conmigo?

domingo, 12 de octubre de 2025

La magia.

Maravillosa y relativa existencia…la congoja de un día es el alivio de otro.

La vida cambia a paso apabullante y mi planteamiento es que eso es lo único que no va a cambiar. ¿Querría saber qué me depara el devenir?

A veces me ofusco con eso… luego, reflexiono, que el conocimiento de un hecho no cambia el final del mismo, y es posible que el anticipamiento me privase del aprendizaje.

¿No es acaso eso lo que siempre ansío? Una evolución personal pura e íntegra que me demuestre que merece la pena saberse viva.

Aunque.. a veces, también anhelo la calma. Una existencia más plana y un aprendizaje a través del amor, ¿cuándo se girará esa rueda para mí?

Tal vez nunca, y tal vez esa misma sea la magia.

Tengo un mantra: “yo soy más que esto”, y lo aferro a mi pecho con la fuerza de quien se ha visto desnuda en una tempestad y sabe que debe ir abrigada esta vez. De quien ha visto cómo sus huesos se quebraban por el frío, y tiene un buen puñado de yesca y un mechero…

El mordisco de la soledad no es una dentellada tan gélida cuando tu piel está curtida por un profundo trabajo interno… aunque sigue dejando una marca amarga.

Y, aunque los domingos caigan como un cubo de agua con hielo, cada vez son más dulces, porque ahora soy capaz de verlos como un mero aviso de las cosas que todavía no han entrado en movimiento dentro de mí.

Tal vez, reitero, la magia sea esa. Cenar con una misma y el murmullo de las conversaciones ajenas. Volver al calor de mi hogar, donde me ampara mi propio mundo.



domingo, 21 de septiembre de 2025

Domingo. Bitácora 7.

El domingo cae con el peso de los desesperados. Hoy no me veo nada fuerte…

Tu imagen danza de manera constante por mi subconsciente y sigo imaginando que llegue el momento en que pese más el amor que le miedo.

Me torturo, como puedes ver, pero es que “he abierto mi cadáver y puedo ver de qué he muerto”. Supongo que ese es mi don, aunque en días como hoy pese como una condena.

Me imagino mi estado mental dentro de otra semana, supongo que las cosas habrán bajado un poco esta intensidad.