El recoveco de los vacíos, la antesala de las tempestades. Él se pars frente a ella, con mirada ominosa, sabiendo el lugar que ocupa. La capa negra le cubre el cuerpo, envolviéndolo como un envoltorio fúnebre, y au voz llega lejana, con un clamor helado, como el susurro de la muerte.
Ella sabe por qué está ahí, aunque no lo comprende. Esa fantasmagórica antesala no trae más que eso; fantasmas encapuchados. Pero es diferente, como el resto de las veces.
Puede que porque su fantasma vista otra capa, aunque sea difícil adivinarlo entre sus pliegues, o puede que sea ella la que trae un ropaje distinto y todavía no lo ha contemplado en el reflejo de su espejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario