Llevamos este bote en estas aguas tempestuosas. Hace unos meses que has decidido dejar de remar e ir a la proa. En tus ojos, brilla el fantasma del miedo a caer por la borda y tus acciones han delegado los remos en mí, confiando que podrás seguir de pie, en la proa, sin caer al agua…solo por no remar.
Lo que no entiendes es que la fatiga ha llegado a mis brazos y el amor se desvanece entre los vientos de tormenta, que tu figura ha empezado a ser un borrón unos metros más adelante, y el agua ha seguido salpicándome el suéter hasta calarme los huesos.
Lo que no entiendes es que, en esta soledad, el amor que he empezado a sentir es propio. Que ya he perdido un remo y no puedo seguir guiándonos a la orilla yo sola. Entonces… dime, ¿vas a dejar que tu miedo te hunda en el agua mientras yo nado hacia mi propia orilla, o vas a coger el oro remo y trabajar conmigo?
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