lunes, 19 de octubre de 2026

Marcha funesta.

Se ha quedado esta mano aferrándome el pecho, y entre tanto, he de fingir que nunca lo ha hecho.

En esa sala, mis demonios danzan, yo cierro los ojos, pero sus risas se me clavan como lanzas.

La luz de esta estancia es opresora, dime tú, ¿cómo trabajo con eso ahora?

Si finjo que nada pasa, si sigo rotando entre etas jornadas intempestivas, la angustia me carcome, me deja sin vida.

Me dicen que no me preocupe, que todo pasa, pero las lágrimas me calan y destruyen esa falsa tabula rasa.

Quiero gritar fuerte y perderles de vista, pero mi existencia no tendría cabida en este mundo materialista.

Entonces lo oprimo, lo guardo de nuevo en mi pecho, esperando que no explote y deje un cadáver desecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario