miércoles, 12 de junio de 2024

Contra el mundo.

Siempre ha sido difícil, ya lo sabes, aunque ahora siento que cada vez lo es menos.

Y sí, es cierto, tengo momentos de esos en que las cosas son tan intensas que añoro un sentir similar al mío. Supongo que debe pasarte lo mismo en esa ausencia de frialdad que yo no te puedo dar.

Pero también es cierto que, la resiliencia, a tu lado, es bonita. Esa construcción tan fuerte, esas ganas incansables de que funcione todo, aunque, a veces, ambos queramos tirar la toalla, picar espuelas; coger ese corto atajo para abandonar el quebradero de cabeza.

Solo que, también es algo que ambos sabemos, no encontraríamos esa plenitud en nadie más; tenemos muchas experiencias a espaldas para demostrarlo.

Entonces, somos tú y yo contra el mundo, y no lo cambiaba.

martes, 11 de junio de 2024

Extraño.

 En mi mente está montado todo ese escenario.

Ese en el que has estado semanas leyendo mi blog al completo. Ese en el que leíste que me seguía molestando eso, y dejaste de hacerlo un tiempo… aquí dentro, lo dejas de hacer por miedo. Luego, recapacitas, y vuelves a hacerlo, porque, total, ya ni hablamos.

Total, ¿qué más da que me moleste?

Yo entiendo tus acciones, yo también la veo preciosa. Luego, me miro a mí, y tus palabras siguen resonando en mi mente: “no eres tan guapa, no entiendo por qué me gustas tanto”.

A veces, saco eso de mi cabeza. Eso y las otras veces que he tenido que enfrentar a la tristeza por no reconocerme frente al espejo. Últimamente no me gusta mi cuerpo, y esas palabras siguen haciendo mella, como todas las otras.

Pero yo no puedo ser esas personas; yo no tengo ese carisma. 

Creo que eres un extraño familiar; nunca nos llegamos a conocer completamente. Y hoy, justo hoy, después de ver que lo vuelves a hacer, se me han quitado las ganas de saludarte como la otra vez si volvemos a encontrarnos; creo que me quedan sólo las cortesías.


domingo, 9 de junio de 2024

Fobias; el rasguñar de la mente.

Qué extraña la mente humana.

Lo pienso cada vez que se presenta una de esas nimiedades que tanto desentonan a la lógica.

Esta noche, la batería de mi lamparita se ha acabado y mi nictofobia ha hecho acto de presencia en la mera ansiedad de pensar que no tendré luz si la noche me come. Paradójicamente, ese es el hecho significativo que me sumiría en mi fobia hasta devorarme el sueño; la ausencia de confianza.

Porque, esa lamparita no va a ser encendida esta noche, por mucho que esté cargada en plenitud, pero el hecho de poder contar con ella, marca una abismal diferencia mental para poder dormir… y es curioso ver esa misma perspectiva mental que supone que una fobia aparezca únicamente ante la ansiedad  de crear un supuesto; un hipotético escenario en que me vería sin luz en medio de la noche.

Qué curiosa la mente humana. Qué simple y compleja.

martes, 4 de junio de 2024

Trabalenguas.

Hoy he sentido un cúmulo de cosas, como siempre, solo que hoy todo parece más grandilocuente.

Tal vez sea porque no encuentro esas ganas en mi interior cuando soy presa de esta rutina opresora.

Estoy cansada y cargo con todo sola, porque no hay nadie a mi lado cuando abro los ojos y tampoco cuando voy a cerrarlos, porque, a veces, echo de menos esa intimidad tan cercana que hace tiempo que no encuentro.

Paso mucho tiempo contigo y me estoy saturando, porque traes esa mezcla de complacencia e inmadurez que, ahora mismo, me gusta a la par que disgusta. Porque veo tus problemas y le veo a él, y esa parte de miedo que se quedó con su ausencia hace el viaje de vuelta, y me agobia.

No tienes la culpa. Yo tampoco la tengo; al final, ese egocentrismo sacado de los problemas primarios me repele, como si yo fuese agua y tratase con aceite. Las ganas que tenia de conocer ese interior se pudren, porque has sido sólo un soplo de aire fresco, una sonrisa con vaho helado, cuya calidez se ha perdido al instante, en medio de la gélida noche.

Al menos, me quedo con esa inocencia, esa bondad que te había colocado a las puertas de una amistad.


Luego… luego están los problemas de siempre. El no encontrar esos detalles en los que sentirme vista.

La lucha constante contra un tipo de amor que no es el mío. El buscar unos brazos que no pueden darme calor.

A veces, me gustaría que tu impulsividad volviese a ganar la partida, porque, esta vez, no volvería a dar otra oportunidad. Porque esa misma impulsividad me ha dejado fuera de otro evento feliz que podríamos haber compartido, y me deja el ánimo hecho trizas, en busca de un buen pegamento para reconstruirlo.

A veces, siento que nuestros problemas son tan banales, tan sencillos de evitar, que, cada vez que rompes tu palabra, no me reconozco dando espacio al perdón. No sé cómo sigo adelante, si resquebrajas tanto esa confianza férrea que llegué a tener en ti.

Me siento cansada, sin miedo a que mis sentimientos te abrumen otra vez, porque, si lo hacen, me harás el favor de dejar espacio para que pueda crecer esa parte sentimental en otro lugar.

Me siento cansada, sin ganas de repetir más mi lugar, mis necesidades, sin ganas de tener ganas de que me tengas ganas…


domingo, 2 de junio de 2024

Aspereza.

 Hastiada… ¿es la palabra?

La vida es ambivalente. A veces un caos, a veces una repetición de sucesos diaria.

Ahora mismo; estoy en la segunda.

Me levanto para trabajar, para dar las medicinas a Merlín y vuelvo del trabajo con el mismo propósito. La casa se derrumba por sus propios cimientos, entre el desorden y las pocas ganas que tengo de que eso cambie ahora mismo.

Los instantes saben a cenizas.

Será porque me alejo de quien quiero, y eso trae al miedo en una constante.

También pienso en ti, no te creas que eres fugaz en mi vida… no como el tiempo que pasmos juntos.

Echo de menos a quién eras al principio y, a veces, me arrepiento de haber conocido eso. La vida sería menos tediosa si no fuese conocedora de mis ausencias.

Has dejado de interactuar con ella. Me pregunto si es porque sabes que lo he estado viendo, si es porque sabes que aquella vez me molestó tanto como para dejarte mis sentimientos entre estos muros. Si es porque sabes que ya no la sigo, porque me sigue doliendo no reconocerte dónde te creía firme, porque, cuando lo veo, me pareces otro humano más.

Otro de esos babosos que dan llamadas de atención a una cara bonita, de los que parece que no saben que juegan con ellos y se ven realmente patéticos pidiendo caso entre otro millón de tíos babosos.

Creo que por eso, solo por eso, jamás volvería a contemplar un camino que volviese a ti. Ni aunque las cosas cambiasen tanto como para que eso sucediese; no lo permitiría.

Porque, cada vez que veo eso, la persona que conocí se hace un poco menos real y, simplemente, me apetecía escribirlo, porque ya no lees esto. Ni tú ni nadie, y mis sentimientos pueden fluir sin que me avergüence de ellos; ya no hay alguien del otro lado esperando a juzgarlos.

Querría contarte que, últimamente, me felicitan por mi trabajo. Que me esfuerzo por primera vez, que destaco. Que conseguí el elogio de alguien importante, pero que sigo teniendo ese síndrome del impostor corroyendo mis entrañas.

También he conocido a alguien nuevo. Alguien con quién he podido pasar buenos ratos, como contigo antes de que todo se volviese turbio.

No es tan profundo como tú, y eso casi que me alegra, porque le da ese toque de nostalgia y melodrama que tanto nos gusta. Tampoco tengo miedo de que ocupe ningún lugar extraño, porque nuestra historia nos enseñó a los tres y creo que ninguno volvió a ser el mismo.

He cumplido ya uno de mis objetivos anuales, el más difícil has de saber, ahora puedo aspirar a otras metas; puedo seguir moviéndome.

Creo que también te gustaría escuchar eso, o tal vez ya no. Tal vez ya haya pasado a la recámara del odio, donde existí sólo para utilizarte.

Me gustaría poder proyectar algo más que eso. Poder proyectar que si me importan esos pensamientos, aunque no tenga control sobre ellos, pero tengo que ser estoica o volvería a una espiral infinita.

Ahora, tengo ayuda profesional para mis picos emocionales. Para tratar mi pasado. 

Ella me ha pedido que escriba todo cuanto siento, no sólo la parte dramática de mi existencia.

Vaya fastidio… ¿no, tío?

sábado, 1 de junio de 2024

Runaway II

Que escriba, que escriba...

Pero, ¿qué evoca esto?

A veces, mis emociones sólo son amasijos de fragmentos, mal cohesionados, tratando de salir a flote. Su solución es sencilla; que lo escriba. Claro, como si fuese sencillo fijar la vista y no perderla en el blanco infinito de píxeles que se extiende ante mis ojos, tratando, en balde, que el negro despunte en un conjunto al que acabaría denominando retazo.

¿Es esto un retazo? No, sólo soy yo, con esa canción burbujeando en mis pensamientos, apareciendo en cada recodo, despuntando en el silencio; "Runaway from me baby, runaway"...

Y ese fragmento de mi pasado viaja con ella. Ahora, soy capaz de centrarme en los sentimientos que podía contener ese cúmulo de dramatismo al que, antaño, daba forma, como tantas otras veces, porque el sentimiento vuelve con la canción, pero, ahora, puedo mirarlo de manera distinta.

Ahora, sé que tengo apego evitativo para relacionarme con las personas, por eso siempre sentí que rompía todo cuanto tocaba, por eso sigo sintiendo que lo hago.

Dejo la melodía, a piano, de fondo, y todo son sentimientos...

Mi carne alza el vuelo, también mis huesos; toda mi materia, y veo lo que soy... soy miedo.

Cada vez que siento que alguien va a ser especial; soy miedo. Cuando noto el más mínimo cambio; lo veo a través del miedo y me alejo por ese mismo miedo. Puedo ver mis heridas sangrar alrededor de ese miedo, y aferrarme a la moralidad de sentirme incomprendida, para usarla como motor en el que reforzar ese miedo y poder alejarme.

Luego, la culpa salpicará mis entrañas; pintará un nuevo cuarto para ella sola aquí dentro y tendré que cerrar esa estancia, aunque sepa que la puerta se abrirá eventualmente y me arrastrará a su interior, donde la pintura todavía está fresca para seguir manchándome.

Pero yo preferiré ese nuevo cuarto a volver a perder a otra Sandra, a otro Javi... porque no querré otra esencia escurriéndose de manera infinita entre mis dedos, sin poder hacerla nunca más mía.

Porque preferiré romantizar esa ausencia, ese dolor y esa culpa, sin dejar que la otra persona llegue siquiera a comprender un ápice de este dolor, porque habré sido incapaz de compartir a mis preciosos fantasmas... porque son míos. Es lo único que me queda de ellos, ¿para qué iba a querer compartirlos? ¿para que me abandonen al completo?

No. 

Mejor huye y deja que te romantice, serás parte de estos píxeles negros, pero no por mucho tiempo, porque ya tengo a tres eternos, no puedo querer tanto a nadie más. Y yo... yo seré la mala en otra historia, pero mejor eso a que empatices conmigo y sea la víctima; nadie se merece eso.

jueves, 30 de mayo de 2024

Fragmento.

Querido mendigo,

Últimamente, todo han sido despedidas. Las personas se tornan encapsulaciones de arena, que acaban por desdibujarse en el tiempo, una vez las has dejado ir. Es complejo, porque, llegado ese punto, la mente disocia y parece que esas personas nunca ocupasen un lugar real.

(…)

lunes, 20 de mayo de 2024

Despierta.

Despierta. Sigo despierta.

Hoy no he tomado ninguna pastilla, he preferido que mi mente se debata en ese tormento eterno por saber qué quiero.

Ahora mismo, estoy triste y con poca fuerza. Te diría algo muy distinto si hubieses preguntado hace unas horas, cuando sentía que podía enfrentar al mundo entero por poder resguardarte entre mis brazos.

Ahora me siento estúpida. Una estúpida que espera.

Ahora, me pregunto qué espero, me pregunto si mi confianza se está resquebrajando o si soy yo la que lo hace.

Hoy siento que el amor no es un idilio. Que no va a aparecer la persona perfecta y vamos a tener algo precioso y duradero.

El amor es una construcción, es trabajo.  Es no guardarse lo que uno siente porque sabes que la otra persona puede escucharte, porque sabes que no es blanco o negro y que habrá un acuerdo que os hará sentir queridos, que el dolor no se expone para reclamar nada, sino para hacer que las cosas funcionen mejor y evitar que se quemen.

Que el amor no es sano de origen, que se construye con otra persona que no está sana, al igual uno mismo, porque ¿quién lo está hoy en día? 

Que tampoco es perfecta ni tiene todo lo que quieres, porque esa persona ideal no existe, y siempre habrá algo con lo que lidiar. No se puede tener el control, solo acuerdos que acerquen a esos dos corazones a entenderse un poco mejor.

Hoy… hoy estoy triste. Porque tu partida ha sido tan abrupta que me duele no saber qué pasaba por tu cabeza este tiempo como para que, los acuerdos en los que yo creía que nos encontrábamos, te estuviesen alejando.

Hoy no entiendo cómo se ha roto todo de un día para otro, igual es que te has cansado de que nunca haya sido fácil, no puedo culparte tampoco por ello.

Mi balanza tiene un agujero y se escapan por él las cosas buenas al no tenerte cerca para construirle juntos un parche. Hoy pienso más en que te estoy forzando a quedarte cuando ya me has dicho que quieres irte. Cuando, supongo, habríamos puesto otro acuerdo si te quisieses quedar.

Hoy me siento culpable por las palabras que hayan sido un ancla para ti, porque las decisiones no se toman a la ligera y, si ya la tomaste la otra noche ¿quién soy yo para tener que hacerte ver lo contrario?

No soy nadie, ni quiero serlo. No así. Si hace tiempo que te falta algo conmigo, si no soy la persona que te llene, tampoco quiero que te fuerces a que lo sea.

Yo quiero mi relación sana con quien quiera también construirla conmigo, y será difícil. Más ahora que viene el duelo, pero esta vez… esta vez ya tengo cita para empezar con mis herramientas. Estoy contenta por ello, que es más de lo que podría decir de mí hace dos años.

Stolen Dance.

Nos arrebataron el paraíso, ese al que sólo las personas de las flores tienen acceso. Nosotros tuvimos que contentarnos con imaginar cómo sería, cómo habría sido que nuestra infancia no estuviese cimentada en un mar de cenizas, en imaginar cómo sería cruzar las puertas de esa utopía y haber crecido felices, al margen de una historia manchada que todavía nos persigue.

Parece no importar todo lo que afrontemos al miedo, él siempre se hace más fuerte y nos recuerda por qué no podemos ser personas normales, simplemente, los idilios pertenecen a las personas de las flores, que no se complicarían en trabajar el entramado complejo de una relación que se salga de ese paraíso. Tal vez ellos las tengan, porque debe de ser mucho más fácil convivir con alguien que no tiene traumas. Tal vez por eso sean felices y siempre tengan flores.

Yo, me contento con las épocas en las que soy realmente feliz, porque creo haber encontrado a alguien que no teme a la profundidad de mis heridas, porque me conoce lo suficiente para saber que no me rindo nunca, a menos que quiera que me rinda. Y abrazo mi dolor cuando decide irse, porque valoro lo feliz que he sido.

Yo solo quiero ser una persona de las flores, quiero borrar toda mi historia y hacerla de nuevo. Quiero que no me siga condicionando esa soledad, ni ese miedo. Quiero no sentir tanto y poder expresar todo de otra manera. Pero, a veces, no puedo, porque, por mucho que haya trabajado y lo siga haciendo, a veces, soy esa persona rota, y no me queda más que abrazar mis pedazos hasta recomponerlos otra vez, y es algo complejo.

Supongo que tú debes sentirlo igual y prefieres no hacer frente al miedo, porque, a veces, es más sencillo dejarlo ganar. Yo lo sé. Sé de sobra lo que aterra y lo que cuesta, cuando nos hemos criado así, con una coraza para protegernos del mundo que sólo nos hacía daño. Yo lo sé de primera mano, no puedo culparte ni odiarte por ello. Me gustaría abrazarte y pedirte perdón por no haber sabido ver esa parte tuya que estaba volviendo a la coraza. Ojalá haberla visto antes para saber que esto te estaba superando y que necesitábamos ayuda, me duele pensar que es tarde y que te he perdido, que esa horrible sensación de no encontrar a la persona a la que amas en el brillo de sus ojos va a volver, que, ahora, vas a ser un extraño que no me quiere ni ver...

Pero tienes que estar contento, estos días le gano a batalla a mis sentimientos, y he pedido ayuda para no dejar que me engullan. Tienes que estar tranquilo si esta decisión es la que necesitas, yo no voy a estar sola y tú tampoco lo estarás y, si ya no quieres luchar, te guardo un sitio en mi corazón para cuando hayamos dejado de sentir, para podernos apoyar desde la amistad, que es el final que se merece esta historia tan bonita.

domingo, 19 de mayo de 2024

Duelo.

Me duele el cuerpo, los huesos. Siento cada parte con una palpitación fuerte, como si las entrañas me desgarrasen y apretasen cada desgarro.

El aire llega extraño a mis pulmones; el corazón no está bombeando como debería.

El suelo es frío y hace que me sacuda como un trozo de tela al viento, y este ardor... este ardor oprime mis intestinos con candencia, dispuesto a fundirme el alma si se lo permitiese.

No voy a permitírselo, aunque sé que tengo que habitar un tiempo con todo ello. 

No puedo sola esta vez, y es algo que nunca antes me hubiese permitido decir, pero me hago mayor y no puedo con todo; ya no tengo esa pretensión en mí misma.

Ahora, miro de frente esta avalancha, y sé que va a engullirme. Sé que va a corroer mi carne y exponer mis huesos, y no puedo hacer como que no me importa o como que no ha pasado, porque el dolor es tan fuerte como imaginaba, y tiene que existir para no mellar mi futuro otra vez.

Cuando pase la tormenta, me imagino en la cumbre, con una mente sana y con todas estas ganas de hacerlo bien, pero ahora sé que van a irse, y quedarán sustituidas por esas ganas de no sentir todo tanto, que se transforman en una penitencia.

Yo también quiero que las cosas sean más leves, que no me importe tanto lo que ocurre, que no me devore y destroce el amor, como siempre lo hace, pero algo debe estar mal en mí, como para volver a este sentimiento tantas veces.

Me gustaría saber qué es... qué pieza está rota para poder cambiarla. Para ser el faro de Alejandría y no la barca con remaches que se esfuerza por mantenerse a flote.

Estoy en shock porque no me lo esperaba.

Porque ha costado tanto construir que pensaba que todo estaba bien cimentado, como para pasar el huracán y seguir conociéndonos; seguir invirtiendo en esta reforma que ambos sabíamos que iba a ser dura, porque siempre lo ha sido, pero bonita, como también lo ha sido siempre.

Ahora, solo tengo esas palabras rondando la mente: "hace un tiempo que siento que me falta algo". Ojalá haberlo sabido todo ese tiempo, para que no lidiases tampoco con esa carga solo, o para haber cerrado mucho antes esto, si te sentías incompleto a mi lado.

Lo que a mí me faltaba, ya lo sabes, no es algo que te haya ocultado. Es algo que he expuesto muchas veces para poder trabajarlo, pero sé que ha sido un mundo para ti y que no soy la persona de tu vida como para poder cambiarlo o invertir más tiempo en una relación que debe ahogarte.

No puedo culparte por ello, a mí me gusta una unión más fuerte y a ti una independencia más marcada, y es algo que ha estado ahí siempre y ha acabado por devorarnos.

El problema es que veo tan fácil la solución para que funcione, veo tan fácil tener ganas, que me cuesta comprender que sea todo un mundo para ti, pero eso es porque no soy yo la persona adecuada y es con eso con lo que debo de quedarme para no romantizar una ausencia que no se ha paliado.

Me llevo, sobre todo, una buena sensación, porque lo que teníamos era una construcción muy sana. Se hacía difícil porque no barríamos los problemas debajo de la mesa, los afrontábamos, y eso es lo bonito.