lunes, 2 de marzo de 2026

El teatro.

Coges mi mano. Tu piel contra mi piel… y la mía se eriza, el corazón se me estremece. Aparece el nudo en mi garganta, y los ojos me escuecen, porque lo que siento por ti brota y me recorre, me acongoja y me quita el aliento.

Te miro y me estás mirando, con tus ojos azules brillando, y pienso que, en mi vida, no he visto unos ojos tan bonitos y me río, porque nunca me han gustado los ojos claros. 

Me sonríes y el corazón salta del pecho. Me besas, mientras la música suena, y cierro con fuerza los ojos, sintiendo el alma revolverse en mi cuerpo, porque la haces libre y ella sigue presa de mi carne.

Lloro, porque tu piel se siente en mi piel, y se me antoja absurdo que nuestros átomos no se estén tocando realmente, cuando yo te siento tan profundo en ella.

No me importa mi enfado, ni la incomodidad de la muchedumbre, ni el alboroto de fuera entrando en esa sala tan mal insonorizada. Me importas tú, a mi lado, diciéndome que me amas, haciendo que me pregunte cómo he tenido tanta suerte.

Y me vuelvo a estremecer, porque creo en Dios aunque nadie lo entienda, aunque no acople con el molde al que parece que he de adaptarme en mis propias rarezas, pero yo creo en él por traerte a mi vida después de todo el aprendizaje. Por traerte en la versión de mí que soñaba con ser algún día.

Y te amo, ¿cómo no hacerlo? Si puedo ser completamente yo y no te da miedo… si sacas lo mejor de mí y haces que me esfuerce en querer mantenerlo.

lunes, 12 de enero de 2026

El miedo.

El recoveco de los vacíos, la antesala de las tempestades. Él se pars frente a ella, con mirada ominosa, sabiendo el lugar que ocupa. La capa negra le cubre el cuerpo, envolviéndolo como un envoltorio fúnebre, y au voz llega lejana, con un clamor helado, como el susurro de la muerte.

Ella sabe por qué está ahí, aunque no lo comprende. Esa fantasmagórica antesala no trae más que eso; fantasmas encapuchados. Pero es diferente, como el resto de las veces.

Puede que porque su fantasma vista otra capa, aunque sea difícil adivinarlo entre sus pliegues, o puede que sea ella la que trae un ropaje distinto y todavía no lo ha contemplado en el reflejo de su espejo.

martes, 18 de noviembre de 2025

Eliot.

No tengo libretas a mano y parece que la tinta brote por mis dedos. 

Hoy aparece el suspiro del tiempo, el murmullo de lo ajeno, la levedad del ser. Me postro en mi coche a la espera de otro paso más, otro ladrillo férreo por la vida que no pienso impedirme vivir.

A veces, la disciplina te tiende un abrazo amoratado para que saques a fuera esa desidia emponzoñada que había encontrado un recoveco en las entrañas del ser; duele, te confronta, te deja desnuda y aun no te gusta tu cuerpo, pero, ¿como iba a gustarte si lo tapas con esas capas de dejadez disfrazadas de excusa?

He dejado que esa ponzoña me quitase las ganas y se llevase mi menstruación, mientras me quitaba el último sueño por cumplir de este año. 

Perdóname, Alicia, por permitirlo. Por alejarnos de nuestros sueños solo porque la carretera abrasaba los pies y nos estaba tocando andar descalzas.

Hoy empezamos, y, en unos años… ¿quién sabe? Igual esté aprendiendo lengua de signos para su desarrollo cognitivo y pueda empezar a sembrar magia en una pequeña cabecita que nunca sabrá quién fue su mamá antes de convertirse en la mujer que va a conocer.

¿No es también triste y hermoso eso? 

Que conozcamos tan poco de la persona detrás de los errores que tan vilmente juzgamos en nuestras figuras de referencia e idolatremos partes que no tenemos ni una ligera idea de lo que les costó construir… de sus pérdidas y desazones, de sus anhelos y victorias.

¿Quién seré yo para ti? ¿Qué haré mal, qué haré bien?…

La vida es eso a veces, ¿no? Sembrar semillas que no sabes lo que van a llegar a germinar; confiar fielmente en ese proceso.



lunes, 10 de noviembre de 2025

Un minuto de ceniza.

Un minuto de ceniza, eso es lo que pondría en nuestro epígrafe, porque es lo que precede a la intermitente ruina de nuestra muerte.

Al eterno ciclo de desavenencias que traen nuestros reencuentros. Un minuto de ceniza por las veces en que nos hemos inmolado por creer que sabíamos qué era lo mejor para el otro, y solo le veíamos arder en el fuego que habíamos  creado.

Un minuto de ceniza por el fin de esta era, por el fin de nuestra historia, por el comienzo que, tal vez, nunca debió ocurrir. Y en ese silencio que no quepan más lágrimas, que ya se han desvanecido todas con la ausencia del alma.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Nuestro círculo.

Acéptalo; dicen las voces.

Pero tu voz es difusa. Me dice que me quiere y que no me quiere a la vez, ¿no debería ser eso un indicativo de lo segundo?

Eso me digo, noche tras noche, pero me duele el pecho y se me hinchan los ojos. Veo fotos tuyas… inhóspito en mí, ni siquiera he borrado nuestro chat y ya sabes que no soy de aferrarme al pasado. Pero algo me grita en el pecho que vas a volver, como si esto no fuese más que otro proceso; el de tu despertar.

No lo sé, igual fantaseo en la nostalgia y debería hacer ya el camino, pero todavía no se ha cumplido la semana y sigo confiando en ti.

A veces pienso que las cosas son complejas porque nosotros las complicamos. Nuestras cabezas analíticas no pueden rendirse a la sencillez de querer amar y ya está. En el pasado yo, en el presente tú, pero siempre perpetrando este círculo… nuestro círculo.

Igual no somos para el otro. Siempre hay amores imposibles, la historia está plagada de ellos. Igual debamos rendirnos esta vez y dejar de buscarnos en la línea del tiempo, ¿no sería mejor así? Si no sabemos acompañarnos, ¿que sentido tiene todo esto? 

El amor no es lineal, ni los sentimientos… pero tampoco puede ser una turbulencia. Dijiste que somos una tormenta cuando nos separamos o nos desincronizamos… ¿quién va a lanzar el siguiente rayo? dime…

Yo estoy en la arena, mirando al mar. Perdí de vista nuestro bote y conseguí llegar a la orilla. Sigue embravecido con un tempestuoso oleaje y un cielo roto que acribilla sus aguas, dime… ¿te ha alcanzado algún rayo desde que me fui?

Me encantaría decirte que estoy serena, pero no lo estoy. Dame tiempo para que el pecho se calme y tu imagen deje de dibujarse en mi cabeza.

No quiero volver, ¿sabes? No quiero fingir en unos meses que todo esto no ha pasado… no quiero que volvamos a otra tempestad cuando haya conseguido que todo pase, como la que provocaste en verano cuando estaba tan feliz y me sentí tan segura ante nuestro reencuentro.

Quiero que pase el suficiente tiempo como para que la confianza sea irreparable, o el suficiente poco como para salvar las cosas, pero no voy a volver a atraparme en otro limbo, porque me ha destrozado el alma este último.

jueves, 30 de octubre de 2025

Tu ausencia.

No puedo dormir. 
No puedo dormir porque pienso en ti y la noche es el preámbulo de las pesadillas.
Mi madre me dijo el otro día que si estaba contenta porque me brillaban los ojos…
Mamá, los ojos me brillan porque llevo días sin dormir bien, llevo días con los ojos hinchados de llorar por las noches, ¿cómo te digo esto?
Es una fase, ya lo sé, claro que lo es. He pasado mil y una fases como esta, mi cuerpo ya tiene la explicación lógica, pero no sabe cuánto tiempo va a quedarse el dolor esta vez, ahora que lo dejamos existir… dile tú que resista, yo estoy cansada de hacerlo.
Vivo en una dualidad constante y he descubierto que no es algo común, que es propio de personas más profundas. Luego entonces, puedo comprender por qué te asusta mi procesamiento opuesto sobre un mismo asunto, si no lo vives diariamente, es normal la sorpresa cuando nos reencontramos y te encuentras con el otro polo, tras la larga ecuación que se ha batallado en mi mente.
¿Qué más podría decirme para consolar a mi alma en estas noches intempestivas? 
Ya sabe todo lo que le puedo decir, se conoce mis chascarrillos manipulativos a la perfección, pero la realidad es otra.
La realidad es tu ausencia; nuestra ausencia.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Amnesia.

Y cuando el brillo de nuestros ojos no sea reconocido por nadie más, podremos mirar las cenizas de nuestro amor, consumidas por el fuego de la inestabilidad que conferíamos al otro.

Tu ausencia vuelve y, con ella, ha de volver la amnesia. Desaprender lo que éramos juntos, olvidar el sonido de nuestra canción y, con el tiempo, puede que nuestro recuerdo solo sea una brisa plomiza en el corazón. Un soplo que te asalta de madrugada, cuando el frío opaca los cristales y no hay donde resguardarse. 

Puede, incluso, que surja en la embriaguez de una noche, rodeados de conversaciones banales, de ruido y luces, del murmullo de la ciudad… igual, es un sorbo de amargura en una mañana ocupada, donde nada tiene sentido y añoras la calidez de esa sonrisa.

No lo sé. Es lo que tiene la amnesia, no sabes cuándo va a nublar tu vista de dolor, cuándo va a quebrarte en dos y dejarte desvaído en medio de la nada.

Tal vez tu mente siga diciéndote que hay un lugar en un cálido futuro donde podemos volver a encontrarnos… donde podrías volver a acariciar mi pelo, besar mi frente y mirar con profundidad mis ojos en medio de sonrisas. ¿Y qué podría decirte mas que no lo sé…? Eso es lo que más me  atormenta…  que, después de todo este dolor, vaya a dejar de sentir amor en tu mirada, en la mía… que ya no te vuelva a encontrar, que este verano te haya perdido para siempre y solo esté alargando el momento de darme cuenta…

Las noches han empezado a consumirme. Otro proceso de la amnesia. Me despierto en medio de la oscuridad y tu cara me atormenta. Coexistes en dos versiones; la que ha amado cada poro de mi piel, sin preocuparse nunca del choque de nuestros temperamentos, y la que me ha alejado ante esa misma perspectiva, consumida por el miedo.

La segunda va ganando y expande un horrible terror que me punza el corazón. Me pregunto cuánto tardará en asumir la soberanía de tu recuerdo, culminando con la siembra de un miedo permanente que no se vaya a ir si vuelves.

Ahora, me siento insuficiente. Otra vez más odio mi sensibilidad y los problemas que acarrea… ojalá pudieses entender mi procesamiento de la realidad y conseguir con ello que no te asustase tanto… ojalá no me hubieses repudiado esta vez por ello. Ojalá te dieses cuenta que, en la estabilidad, mi sensibilidad florece y se estabiliza también… que todo este amor que idolatras, nace también de aquello que odias de mí… ojalá pudieses ver lo paradójico que es eso, y lo que duele.

He soñado muchas veces que llegabas a ser capaz de escuchar lo que digo y no solo quedarte en la superficie del tono que no te gusta, que veías más allá de mi miedo y conectabas con mi esencia, en la simpleza de escucharme con amor y aportando aquello que pudieses. Ojalá supieses que no tenía más anhelo en ti que ese. Pero tengo que romper la imagen de tu madurez, porque solo existe en nuestras despedidas… y estoy cansada de despedirme para verte florecer.

Imagino que mi ausencia será eso esta vez; un florecimiento. Que la acogerás desde el amor que siento por ti esta vez, y no desde el dolor y la rabia, como la última. Envidio a quién vaya a conocer esa parte tuya, a quien vayas a mirar como me miras a mí, a quien vayas a amar como me amaste a mí.

En mi florecimiento, quiero aprender a preguntar antes de suponer con mi reticente análisis cuando no tengo las respuestas que necesito, es lo que le prometo al fantasma de tu ausencia. Que escucharé y me guardaré para mí las respuestas inconclusas de mi mente, si a la otra persona le cuesta dármelas. Pero también te prometo que aprenderé a ser capaz de explicar que soy PAS y que eso significa que mi cabeza necesita comprender lo que ocurre para poder verlo desde el alma. Espero que puedas desearme también que mire a los siguientes ojos con todo ese amor madurado, sobre todo el propio, y que sepas que fue gracias a entender tu dolor hacia mí que pude dar ese paso. 

Gracias por enseñarme lo que otros no supieron, gracias por hablarme sin miedo, desde el corazón esta vez.

martes, 21 de octubre de 2025

El bote.

Llevamos este bote en estas aguas tempestuosas. Hace unos meses que has decidido dejar de remar e ir a la proa. En tus ojos, brilla el fantasma del miedo a caer por la borda y tus acciones han delegado los remos en mí, confiando que podrás seguir de pie, en la proa, sin caer al agua…solo por no remar.

Lo que no entiendes es que la fatiga ha llegado a mis brazos y el amor se desvanece entre los vientos de tormenta, que tu figura ha empezado a ser un borrón unos metros más adelante, y el agua ha seguido salpicándome el suéter hasta calarme los huesos.

Lo que no entiendes es que, en esta soledad, el amor que he empezado a sentir es propio. Que ya he perdido un remo y no puedo seguir guiándonos a la orilla yo sola. Entonces… dime, ¿vas a dejar que tu miedo te hunda en el agua mientras yo nado hacia mi propia orilla, o vas a coger el oro remo y trabajar conmigo?

domingo, 12 de octubre de 2025

La magia.

Maravillosa y relativa existencia…la congoja de un día es el alivio de otro.

La vida cambia a paso apabullante y mi planteamiento es que eso es lo único que no va a cambiar. ¿Querría saber qué me depara el devenir?

A veces me ofusco con eso… luego, reflexiono, que el conocimiento de un hecho no cambia el final del mismo, y es posible que el anticipamiento me privase del aprendizaje.

¿No es acaso eso lo que siempre ansío? Una evolución personal pura e íntegra que me demuestre que merece la pena saberse viva.

Aunque.. a veces, también anhelo la calma. Una existencia más plana y un aprendizaje a través del amor, ¿cuándo se girará esa rueda para mí?

Tal vez nunca, y tal vez esa misma sea la magia.

Tengo un mantra: “yo soy más que esto”, y lo aferro a mi pecho con la fuerza de quien se ha visto desnuda en una tempestad y sabe que debe ir abrigada esta vez. De quien ha visto cómo sus huesos se quebraban por el frío, y tiene un buen puñado de yesca y un mechero…

El mordisco de la soledad no es una dentellada tan gélida cuando tu piel está curtida por un profundo trabajo interno… aunque sigue dejando una marca amarga.

Y, aunque los domingos caigan como un cubo de agua con hielo, cada vez son más dulces, porque ahora soy capaz de verlos como un mero aviso de las cosas que todavía no han entrado en movimiento dentro de mí.

Tal vez, reitero, la magia sea esa. Cenar con una misma y el murmullo de las conversaciones ajenas. Volver al calor de mi hogar, donde me ampara mi propio mundo.



domingo, 21 de septiembre de 2025

Domingo. Bitácora 7.

El domingo cae con el peso de los desesperados. Hoy no me veo nada fuerte…

Tu imagen danza de manera constante por mi subconsciente y sigo imaginando que llegue el momento en que pese más el amor que le miedo.

Me torturo, como puedes ver, pero es que “he abierto mi cadáver y puedo ver de qué he muerto”. Supongo que ese es mi don, aunque en días como hoy pese como una condena.

Me imagino mi estado mental dentro de otra semana, supongo que las cosas habrán bajado un poco esta intensidad.

sábado, 20 de septiembre de 2025

Estoy jodida. Bitácora 6.

Te imagino en la puerta de casa, esperándome, solo para decirme que quieres luchar… que quieres intentar reparar lo que un día rompimos y llevas en el pecho… que quieres salvar esa distancia por mí.
Joder, no quiero olvidarte… no quiero que dejes de ser quien eres ahora para mí. Pero me duele el pecho diariamente y tengo que escaparme a llorar cuando las cosas me recuerdan a ti.
Estoy jodida.
Te imagino una tarde más jugando al wow en casa y luego pidiendo chino y viendo una peli. Te imagino andando conmigo por valencia, hablando de algún recuerdo del pasado. Te imagino frente a mi, en la mesa 11 del ramen, mientras me dices lo que te encanta verme comer. Te imagino a mi lado, en tu sofá, abrazados, o dormido en mi regazo…
Te echo tanto de menos…

Vísceras. Bitácora 5.

Siento que siempre tengo que ser perfecta para ti, que no puedo mostrarte mis sentimientos porque eres frágil a ellos, porque los tomas como balas en vez de como puertas a la conexión. Siento que siempre tengo que ser estable y que tengo que estar hipervigilante, porque las cosas que no te gustan no las hablas, solo las guardas y te alejas en consecuencia, creas muros en vez de ser vulnerable y decirle a las personas que amas qué pasa, para poder arreglarlo. Eso es el inicio de  las dinámicas tóxicas y aterra pensar en no tener descanso realmente, porque contigo nunca se sabe si algo te ha sentado mal, porque no eres cálido cuando algo te molesta, no eres constructivo. Para ti, el daño siempre está fuera, no ves que estos mismos patrones son los que crean también ese daño y prefieres aislarte emocionalmente a trabajarlos.

Contigo, tengo que ser perfecta y seguir fustigándome por una versión mía que no te gustó, sin ver la versión tuya que me ofreciste, sin ver que también me hiciste daño y que tu eterna condena a mí me sigue pesando. Me has tratado como si fuese carnaza, me has dejado entrar, a tu lado de nuevo, has sido constante, has tocado mi cuerpo, todo y sabiendo que no ibas a abrirte emocionalmente a mí, todo y sabiendo que llevas dos años juzgándome por lo mismo, solo que yo no sabía que no podía abrirme en ese momento y tú eras plenamente conocedor de que siempre iba a pesar más el ego.

¿Que tengo que hacer con todo esto? Hablarte desde ahí es manchar nuestra despedida, después de todo el amor que tengo para cerrar, así que, debo dejar que vivas en la inopia, pensando que soy yo la causante de que estemos así.

No podríamos crecer con tus constantes bloqueos a hablar las heridas y sanar. No podríamos crecer sin un lugar en que dejar ir eso y tú no quieres trabajarlo… lo que es sinónimo de que no vamos a crecer nunca juntos, y duele como estacas…

viernes, 19 de septiembre de 2025

Tengo que respetarte. Bitácora 4.

Hoy pesas y eres ligero. Me convenzo de que la vida sigue como si tal cosa, mientras el dolor sigue instaurado en mi pecho.

Me atrevo a sonreír, hasta que tu imagen ensombrece mi mente y me quita la sonrisa.

Siento mucha rabia de que tengas miedo, y aun mas de no poder respetarte si es lo que quieres hacer.

Solo hay una vida, ¿no vas a arriesgarte a vivirla con la persona a la que amas? Igual sea eso, que no soy la persona a la que amas.

Que te enamoraste de un ideal y no te esperaste a conocer a la persona verdadera, que me cubriste de expectativas en un momento en que te dije que estaba mal, y no supe como romper eso bien… no supe como salir del rol de perfección.

Aun creo que sigo metida en él. Andando de puntillas para no volver a arañarte el corazón. 

Ojalá pudieses decirme qué es aquello en lo que te hago daño, para repararlo al momento.

Ojalá no te aferrases a las palabras mal dichas, como si fuesen una verdad absoluta, de la misma manera en que no lo haces con las bien dichas.

Ojalá me juzgases por mis actos de verdad. Por todo lo que soy siempre para ti y no por una versión mía que había tocado fondo. Por dos semanas negras, como si fuesen el absoluto de nuestra historia.

Pero tengo que respetarte… tengo que ser madura y respetarte. 

jueves, 18 de septiembre de 2025

Un hueco.

Has elegido activamente que no merezco la pena, como siempre tuve miedo que pasase… y ahora, el corazón me oprime el pecho desde hace una semana y parece que este dolor no vaya a tener fin.

Supongo que no eras tú y esa es toda la lectura que yo tenga que hacer a esto. Que el universo te quiere alejar de mí para que deje de verte desde los ojos del amor, pero duele tanto… no imaginaba volver a sentir este dolor otro vez, pensaba que lo había anestesiado.

Ahora, no sé cuánto tiempo me quede con mis fantasmas, y me aterra… porque cuando se vayan, también te habrás ido tú, y todo esto ya no tendrá un sentido, solo habrá sido un aprendizaje.

Parece que nuestro amor haya venido con el signo de una condena y da igual la fase en que estemos, esa maldición no se quita.

Siento mucho dolor y mucha rabia, porque sé que esto se puede si los dos queremos intentarlo… pero me has dejado claro que no quieres y eso duele hasta quebrar los huesos.

Me imagino que a tu lado debería haber sido siempre perfecta, porque nunca has sido capaz de perdonarme mis errores, lo veo en tus acciones, aunque me digas que entiendes que soy humana y no soy perfecta… siento que realmente no lo haces, que no eres empático conmigo, ¿pero lo soy yo contigo si te digo todo esto?

Eres libre de marcharte y esa decisión debo respetar, hasta que ya no tenga sentido volverte a abrir un hueco en esta vida.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Roto.

No tengo hambre. No tengo sueño. No tengo ganas de pasar otro duelo… hoy también quiero dejar de ser yo.

¿Por qué lo romantizo? Si sé de sobra que todo se puede intentar cuando amas de verdad a alguien. 

¿Por que te escudo en tu dolor? ¿Por qué te justifico? Porque no quiero ver que, en realidad, no soy la persona de tu vida, no me amas, y eso solo significa que tampoco eres la mía.

Llevo horas sobre mi misma llorando y el dolor no se va… por eso nunca quiero amar. Porque yo también tengo miedo, porque mis sentimientos son más profundos… van más allá.

Me he quebrado y no me apetece recomponerme. A mí solo me apetecía que todos los días fuesen como ese viernes, que creciésemos juntos, que sanásemos y madurásemos. Ahora, se queda solo en el amor, pero el amor no es nada sin las ganas de luchar y hacer las cosas bien.

Me quedo con tu imagen sosteniendo el carrito de nuestra bebé ensartada en el pecho, porque nunca te he dicho que te veía el padre de ella. Nunca te he dicho que me imaginaba viviendo contigo, discutiendo, riendo, amándonos. 

Tampoco te lo diré nunca, se quedará conmigo hasta que olvide que sentí todo esto. Hasta que vuelva a adormecerlo.

Ya no serás mi marido. Ya no andarás conmigo de la mano ni redescubriremos cada tramo de la piel del otro. Ya no nos veremos viejos y con arrugas, ya no podremos decir que el amor fue más fuerte porque nos elegimos por encima de los miedos.

Porque no lo hicimos. Porque tú no me has elegido y yo no me he quedado a pesar de eso. Porque ambos hemos elegido separar nuestros caminos.

No puedo cumplir mi promesa ahora y me aterra si serás un extraño la próxima vez que vuelvas, como sentí a mi antiguo mejor amigo… sin remedio. Solo otra puerta al pasado.

Al menos, yo viviré en tus recuerdos. Al menos seré eterna en ellos. Y tú serás una de las pocas personas a las que he amado con el alma en esta vida, creo que te gustaría saber que alguien te quiere así, desde lo genuino y no desde la intensidad. 

Desde lo genuino acepto tu decisión, aunque tenga el corazón hecho trizas y tantas horas con un solo café y unas patatas..

Ojalá es lo que repetiré cada día, mientras tu ausencia siga doliéndome así en el pecho… como todas estas horas.

Ojalá me amases otra vez, queriendo ser maduro en esta vuelta y no solo emocional. 

Ojalá dejases que te amase yo esta vez, desde todo lo bonito que sé amar y no solo desde mis heridas.

Ahora le tengo que decir a mi mente que deje de esperarte, que hay que avanzar y no cerrarse al amor… pero cómo hago eso… dime.

Nada me pertenece.

 Mi casa no es mía, es de las cucarachas, de las exigencias de los vecinos y del banco. También podría ser del agua, si decide volver.

Mi trabajo no es mío, allí mi alma se apaga y nunca soy suficiente.

Mi corazón no es mío, es de los errores que no puedes perdonar.

Mi cuerpo no es mío, es de esta tristeza que va a acabar de derrumbarlo.

domingo, 14 de septiembre de 2025

El hombre del tiempo.

El hombre del tiempo vive atrapado en los recuerdos. Acude a ellos de manera sistemática, entre sus fragmentos de desidia, comido por la gravedad del mundo cotidiano, que lo absorbe en una urbe a la que, por desgracia, debe pertenecer.

Se deleita imaginando un mundo abstracto, utópico, en el que esas encarcelaciones humanas no pueden rozar su piel ni consumir sus entrañas. Se plantea el sentido de la existencia, mientras pasa otro período ausente, divagando en un mar de anhelos, con su bote y todas esas llaves que usa para abrir puertas al pasado.

Y es que el hombre del tiempo habita el pasado. Lo hace mientras las luces de los tugurios inciden en sus ojos, paulatinamente, cada noche que sale a pasear y se pierde entre los andamios carcomidos que han visto el paso de su existencia. Se siente insignificante cada vez que los contempla, maravillado por lo ínfimo que puede resultar su ser ante los escombros en que se han convertido las construcciones; bellas y distantes.

Lo habita también cuando las luces pasan rápidas ante sus pupilas, sentado en uno de los asientos de otro vagón, mientras la música hace de amolde mental a sus ideas, que no hacen más que reportarle lejos de la realidad que le ha tocado habitar.

Él ama, con absoluta intensidad, solo que teme perderse en los laberínticos pasajes de aquello que no puede controlar. Teme porque su inteligencia es incapaz de desmembrar la cuantía humana de las formas del subconsciente, y termina por alejarlas de sí mismo, obtuso, convenciéndose de que no pertenece a esos lugares que solo le traen quebraderos.

Si pudiese llevarle a un mundo carente de esas realizaciones humanas a las que se vuelca con fervor, creo que sería incapaz de darme el significado real que yo veo en la existencia. Tal vez eso sea lo que más nos aleje; el muro que se crea cuando transitamos nuestro propio significado de la realidad y no somos capaces de reconocer la visión del otro en ella.

¿Será el hombre del tiempo capaz de abrirme un espacio a la intimidad cuando la lógica le abstrae?

¿Seré yo capaz de dejar habitar mi mundo a alguien cuando siento que no percibe el sutil matiz del raciocino desde la inmensidad del subconsciente?

El hombre del tiempo y yo tenemos una cápsula de amor desde que nos conocimos. Acudimos a ella cada vez que la presencia del otro se ha desmaterializado.

Yo lo sé porque lo he visto en sus ojos cada vez que me lo he encontrado fugazmente, en un inciso de nuestra distancia, también por el brillo que tienen cuando me miran, donde reside el amor y el temor.

Él lo sabe porque he dejado de alejarle de mí y ahora dejo que toque mi piel, aún cuando tengo miedo de que nuestro amor se consuma y se rompa esa cápsula.

Porque, si se rompe.. tal vez yo pasaría a formar parte de una de sus puertas y él se perdería en mis vacíos mentales hasta dejar de existir. 

Tal vez…


sábado, 13 de septiembre de 2025

Al borde de la línea.

Sé que nadie me va a entender, no de la manera en la que necesito que alguien me entienda. Luego, me planteo, si esta necesidad es real, o solo es el fruto del anhelo más profundo de mis deseos que surge cuando explota la intensidad.

Me permito sentir a tan alto nivel que, luego, todo se convierte en un vacío perpetuo que ha de oprimirme durante un tiempo más, hasta que haya conseguido dominar el desapego y pueda mantenerme, de nuevo, al borde de la línea.

Esta soledad es extraña, porque toca diversas partes de mi psique. A veces la veo hermosa, necesaria, sin ella ¿quién sería yo? no podría encontrarme en este pozo tantas veces si no me acariciase las entrañas. Otras, me desgarra todo el interior, y yo, desde fuera, no sé por dónde se está derramando la sangre.

Así fluctúo durante el tiempo necesario para que mi cuerpo recupere la estabilidad que ha perdido y luego… luego vuelvo a los placeres sencillos, anhelando el momento en que pueda volver a sentirme así… temiéndolo.

Me encantaría experimentar en mi piel lo que sienten otras personas, y luego compararlo con lo que bulle en mi interior. ¿Será tan distinto? ¿Será esto, en realidad, tan profundo? ¿Cómo verá esto alguien que siente más que yo? ¿Es este el camino a un nuevo despertar y yo, estúpida, sigo perdiéndome en el anhelo de conexión?

El mundo me ha vuelto a poner bajo la mira de la divinidad, y yo sigo fallando eternamente, porque no sé qué hacer con todo esto.

Instintos primarios.

La trivialidad humana en su máximo esplendor, así es como definiría hoy mi paso por la existencia.

Creo que el ser humano está limitado porque no ahonda en los misterios de la psique, que es, en sí, su motor raíz.

La humanidad transita la cotidianidad y se limita a lo sencillo, dejando de ahondar en quienes son aquellos de los que se ve rodeado. El propio individuo se limita a sí mismo porque se impide transitar su propia conciencia e indagar en su propio centro.

Somos una especie limitada por nuestra propia raza, que dictatorialmente ha impuesto un degrado en la capacidad mental camuflado en forma de aliciente.

Me he dado cuenta que me transito mejor en el paso conmigo misma por la soledad, donde no tengo esperanza de compartir estos pensamientos con nadie cuando sé de antemano que es poco casual que los vayan a comprender. Esta es mi intensidad en su máximo esplendor y así es como me gusta vivirla cuando, después de una manera, estoy en esta cresta.

Temo mi siguiente paso por la cotidianidad, porque siento que se me va a volver a apagar la mente y caeré presa de mis instintos más primarios.

Ojalá poder estar siempre por encima de ello, como hoy.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Ruina emocional.

Quedarse solo en la ruina emocional, oh sí, qué potente suena eso, Sándor, pero ¿qué quiere decir realmente?

Yo creo que la ruina me la gano yo sola, al andar chafando los escombros descalza. El inminente dolor que siento en el pecho cada vez que no sé gestionar una marea de sentimientos, hasta que consigo surfearla y todo vuelve a su cauce.

Cada vez me cuesta menos, pero veo las heridas que hay. Veo que todavía tengo miedo de dejarme la piel por alguien y no ser vista. Pero, volviendo al mundo real, hay más almas descarriadas que deben sentir esto mismo. La lástima es no coincidir en tiempo y espacio, para que podamos verter estos pinchazos del pecho en una aletargada melodía.

El problema es mío, por romantizar la vida hasta que te consume el cuerpo.