lunes, 10 de febrero de 2025

Sola.

Me ha devorado las entrañas este hastío en el pecho, y cada noche se consume en mis ojos este llanto que se pierde en mis sábanas.

Grito, pero nadie me escucha, porque aquí dentro se han derrumbado las paredes y el eco no rebota en los escombros.

Me he perdido, entre esos ojos que nunca me han visto, para acabar teniendo esa misma mirada.

No me reconozco. Ya no queda nada de la persona que fui antes de que llegases. Se consumió. Siquiera sé cómo recomponer tantos pedazos; no puedo hacer tantos remaches.

Lo que queda de mi esencia se desvanece cada noche, junto a la estela de mi brillo. Esa que has apagado. Pero no puedo culparte porque he sido yo la que lo ha permitido.

El tejado de mis sueños se ha hundido, junto al amor de toda la vida que nunca voy a tener. Me seguiré perdiendo en estas historias por creer que todos los corazones son puros, aunque me hayan partido en dos tantas veces que me sienta incapaz de volver a juntarme.

Cuando deje de llorar mi pérdida y consiga apartar la vista de mi cadáver. Cuando consiga volver a recuperar mi piel y deje de contentarme con ver cómo se azula a través de este cristal empañado. Entonces, y sólo entonces, habrán germinado las semillas que he plantado en este cuerpo distante. Habrán crecido regadas por todas estas lágrimas para reconocerme de nuevo; nueva y distinta.

Hasta entonces, estoy mejor sola.

martes, 19 de noviembre de 2024

Inexorable.

En mis momentos lúcidos, ando sumida en un pensamiento fatalista, que tiene su razón de ser en la frase de  Nietzsche “la insoportable levedad del ser”.
Doy vueltas al razonamiento que le llevó a plantearse tal fatalismo y lo extrapolo a los acontecimientos flagrantes que tienen lugar ahora mismo en mi psique.
Para mí, no es insoportable, es inexorable, porque la levedad de nuestra esencia en el mundo no es algo que pueda evitarse, pero sí es algo que se pueda hacer bien, con contundencia y, que ataña tanto a nuestra esencia, que esa levedad no sea insoportable, sino mágica.
Creo que el error es vivir como si nos sobrase el tiempo, como si las cosas fuesen a llegar en un futuro lejano, dejando que el presente se consuma sin hacer nada que nos haga sentir afines a nosotros mismos.
Creo que deberíamos centrar nuestra levedad en construir quiénes somos y qué queremos a nuestro alrededor. Saber qué nos hace sentir plenos y trabajar por conservarlo en vez de malgastar nuestra existencia en la auto-comparecencia.
Si otra catástrofe se llevase mañana mi existencia, ¿podría decir que hice todo lo que pude por vivir la vida que quería o sólo me llené de excusas para posponer ser quién creo que soy realmente?
Actualmente, peco de la segunda. 
Actualmente, empiezo a practicar la disciplina y quiero escribirlo como constancia para mí misma, cuando se me olvide la razón por la que estoy aquí cada día. Es por mí, por tener una vida plena y feliz en este camino de auto-descubrimiento.

sábado, 16 de noviembre de 2024

El alma.

Y conoceré a otra persona, y conocerás a otra persona.

Eso es lo peor de todo esto, abrazar cada noche estos sueños rotos. Seguir aferrada a las palabras que creí, a toda la confianza que puse en ti.

Me aferro las costillas en un abrazo de dedos punzantes y me compadezco de mi alma, todavía presa de estos sentimientos.

Ojalá. Ojalá hubieses tenido estas ganas ardiendo también en tu interior. Ojalá mi sensibilidad no fuese una pateada de huevos para ti, ni mi presencia un incordio.

Te miro en tu sofá, aquellas dos semanas, y sigo soñando cada día con esa persona, con esa sonrisa y esa complicidad. Luego, viene el infierno a mi corazón y me oprime el pecho.

Me permito llorar tu ausencia. Me permito ser débil y añorarte, solo que sigo sin saber qué añoro, si estas sábanas prácticamente no han tenido tu presencia…

Te hubiese regalado el mundo, pero lo quería también de vuelta. Al final, un vínculo sin reciprocidad sólo es un consumo de energía, largas noches de insomnio y mucha ansiedad.

Ahora me acuesto sin ninguna de las tres, pero me arde el pecho y me escuecen los ojos. 

Es parte del proceso, ya lo he vivido antes, solo que cuesta pensar en otros labios y en otro cuerpo, cuesta pensar que acabaré mis días abrazada a alguien que no eres tú, yo que soñaba con que llegase esa cotidianidad que prometiste; me toca quedarme con tus promesas rotas y tu cara de desgana cada vez que me veías romperme.

Recomponerme se hace cuesta arriba, creo que estoy destruida. He suplicado tanto amor que tengo miedo de volver a equivocarme y creerme más palabras llanas.

A veces, prefiero deleitarme en tu recuerdo de esas dos semanas, vivir mi idilio platónico con esa persona tan atenta y detallista; esa persona que no eres tú.

Una conversación de sofá de horas, tantas coincidencias, esa necesidad de tocarnos, rasgar el ser del otro mientras el tiempo pasa volando y, al llegar a casa, un mensaje de buenas noches diciéndome lo increíble que ha sido la noche… lo afortunado que te has sentido.

Fui feliz. Ahí. 

Voy a atesorarlo para siempre soñando que, tal vez, pudieses haber sido esa persona si te hubiese conocido en otro momento.

Ahora, esperaré paciente a encontrar ese alma en otro lugar.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Tengo miedo.

Tengo miedo.

Tengo miedo porque me siento mayor y las expectativas de vida se rompen sobre mi cabeza y caen en pedazos, esparciendo sueños rotos alrededor de mis pies.

Trato de pasar de puntillas, de no pisarlos, pero el crujido bajo mis suelas delata cada una de mis derrotas; todos los ensueños que debo dejar atrás.

Ahora debo ser realista, a expensas de poder construir un puente sólido, que no se derrumbe por la inmadurez, ni por esta inmediatez en la elección de más ladrillos quebrados; que el augurio de otras aguas mortíferas quede, esta vez, bien lejos de esta construcción.

Tengo miedo.

Me pregunto si mi valor es tan efímero como ahora lo siento. Si todas las almas llevan estos matices oscuros y van a desvanecerse entre mis cansados dedos, que están agarrotados, doloridos de aferrar promesas vacías que se pierden en el aire. De aferrar a la nada.

Pero la culpa es mía por estar para quien nunca está. Por aferrarme a manos de fantasmas.

Tengo miedo.

Porque, ahora, siento haber desperdiciado mi vida en un segundo plano, ofreciendo mis sueños para que otros los viviesen. Y, ahora, puedo ver que he allanado sus caminos a costa de llenar el mío de piedras. Que he estado sola.

Tengo miedo.

Porque ese es mi problema. Porque no sé discernir, no sé dónde acaba la bondad y empieza la sensatez. Y ahora me veo desnuda, despojada de todo a la fuerza por este despertar tan abrupto que me ha dejado tiritando en un bosque oscuro.

Ahora, ando a ciegas. Buscando a tientas un rayo de luz que me reconduzca a mi verdadero legado. No sé si me espera esa mano que llevo toda una vida esperando, ese acompañante que construya un camino conmigo, con el mismo esfuerzo que yo.

No sé si me espera el vaho de la gélida soledad perpetuada en este miedo a volver a equivocarme y quebrarme los huesos.

Tengo miedo.

Tengo miedo.

Tengo miedo y tengo que romper estas cadenas.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Auras.

Dicen que los gatos son los guardianes de las almas. 

Tal vez, haya sido eso. Ella ha visto todas las veces que me he derrumbado en tu ausencia, mis lágrimas siempre han desbordado en estas cuadro paredes. Llevan más de un año haciéndolo.

No puedo cerrar los ojos a lo que ha pasado; no puedo cerrar los ojos a que ella ya no te acepte.

En tu ausencia, todo ha vuelto a la normalidad. Ha vuelto este vacío reticente, esta tristeza cansada en mi lucha por ser alguien más especial, por dejar de ser este personaje secundario de mierda del que todos se aprovechan por no saber poner límites, por este exceso de empatía que me tiene aburrida.

Y la idea de que mi alma está tan hundida que ella ya no lo acepte, ronda mi cabeza y me reconforta, me abre los ojos. No puedo volver a perderme a mí misma; cada vez que me fallo, también les fallo a ellos porque, esta tristeza, la vivimos juntos.

Puede que haya extinguido mi amor propio por mantenerme a la espera constante de que me vieses, de que me valorases como necesitaba, pero el amor a ellos es inextinguible; ellos deciden quién es bien recibido aquí.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Quiebre.

El fantasma del miedo se pega a mi sombra y borra mis huellas. Aferra las entrañas y las retuerce en su deleite.

Me deja sola, desvaída, sin saber cómo recomponer estos pedazos que se han hundido en el fango, sin saber cómo aferrar una sonrisa con estas manos manchadas de lodo.

Los lamentos, enterrados, se perdieron en la soledad de todas esas víctimas que se fueron, sin nadie a quien entregarlos. Ahora, sin que ellas lo sepan, los anido en mi interior, porque los oigo, aunque no haya podido escucharlos.

Mi cuerpo es plomizo, ha caído en esta riada. Me pregunto cuánto más le queda de flotar en esta vida quebrada.

jueves, 7 de noviembre de 2024

La riada.

La riada ha traído vuestros ojos, también vuestras palabras. Hace que me sienta un número, porque el dolor a vosotros no os toca. La humanidad pierde su presencia en la frialdad con que puedes decirle a alguien roto que no te importa su dolor, porque no es tuyo.

El agua, emponzoñada, ha desenterrado el egoísmo. Solo quedas bien ante la foto. El dolor no es tuyo, no eres tú quien está roto.

Cuando vuelva a ver la luz, podré alzarme victoriosa con estos descosidos; habré remachado mis sentimientos, habré conseguido un poco de vuestra indiferencia. 

Cogeré esta vez el amor por el centro de su fuego, porque también he visto las almas que sufren nuestra desgracia, también he sentido, desde la lejanía, sus abrazos invisibles.

Cuando vuelva a ver la luz, sonreiré la vuelta a toda esa fuerza que ahora flaquea. Sé que se ha ido para que pueda deconstruirme y ayudarme a levantar esta nueva casa.

Miraré a los ojos de la indiferencia y ya no le pagaré con odio, dolor o rencores, porque esa indiferencia pertenece a la gente muerta.

Ahora, toca abrazar al miedo, ahora sé que no lo abrazo sola; están vuestras manos invisibles, vuestras caricias de corazón y no de cumplimiento.

Puedo mirar a la vida, aceptando que hay almas que torturan desde su egoísmo, yo solo tengo que prohibirles la entrada al reino de estos latidos. Así, no perturbarán su ritmo ni mi paz, así, el mundo no podrá comerme, porque mi corazón seguirá siendo cálido, pero no estará tan expuesto.

Decido seguir este camino, la riada no puede llevarse mi sentir. La riada no puede ganar y arrebatarnos el sitio a las personas sensibles.

martes, 1 de octubre de 2024

Rasguño.

A veces pienso que me gustaría dedicarle a alguien mi primer libro. Poner esa dedicatoria que me haya salido rasgando el corazón, dedicarle mi primera copia y crearle una edición especial a mano. Una en la que agradecerle el apoyo, el esfuerzo, el haber estado ahí, a mi lado, deseando leer unas páginas más de esa esencia en la que radico, en la que paso largas temporadas consumiéndome, en bloqueos creativos, u otras tantas feliz, henchida, orgullosa.

Luego, recuerdo que a nadie le importan tanto mis escritos. Nadie se desvive por leer los versos de mi mente. Mis palabras son huecas porque no me llegan a nadie… y se me instaura este tremendo dolor en el pecho, ese que me dice que se me acabará la vida y mis palabras no habrán sido el abrigo de nadie.

domingo, 15 de septiembre de 2024

Que me parta un rayo.

Tal vez, en un futuro, llegue yo a desvirtuar la exuberante idea de platonismo que recorre mis sentidos cuando pienso en ti.

Pueda yo desprenderme de ese idilio irreal que permuta mi cabeza, no sea yo presa de este sentimiento carcomiente que me mantiene al filo de un amor descafeinado, no sé si por incompatibilidad o porque, realmente, nuestro encuentro ha sido temprano.

Quiero yo permutar en la segunda opción, rasgando el devenir con unas yemas anhelantes de tu piel, de tu presencia, pero, sobre todo, de un hogar que nunca llegamos a construir, basado en una madurez emocional más fortuita.

Me recreo en desconocer cuánto tiempo deba pasar desde que alejemos nuestros caminos, hasta que se crucen nuestros destinos. Me recreo en la posibilidad de que nos convirtamos en arena plomiza ante la ausencia de una realidad tangible.

Qué sé yo del amor, más que me desgarra los tejidos cada vez que me enamoro, siendo complicado desprenderme de mis ideales y de una lucha constante por no rendirme ante los desfalcos de otra persona, por dar más valor a sus luces que a sus sombras.

Qué complejo confiar en las personas.

¡Qué me parta! ¡Qué me parta un rayo si la persona que creo que anida en ti ha sido mero adulterio de mi mente!

viernes, 13 de septiembre de 2024

Paranoia.

Cuando las máquinas se adueñen de nuestras almas, caeremos a su abismo tecnológico, del que hace años empezamos a ser presas. Cambiaremos el sentir por el hacer y pronto, no habrá cabida para la letanía de los latidos.

La sensibilidad, debilidad en este mundo adusto, pasará a ser un recuerdo, un mito, una añoranza cuando se mire la belleza del arte y no se sepa comprender.

La piel será dura y egocéntrica su portadora, ya no podremos tocar las almas porque estaremos más centrados en nosotros mismos que en sentir que formamos parte de alguien más; no habrá espacio para comprender.

Bip, Bip, bup.

El retumbar de las carcasas. Y otra alma más que sacrifican a beneficio propio.

Bip, Bip, bup.

No querrán sentir. Apenas sabrán hablar ya de lo que era un latir.

Bip, Bip, bup.

¿Oyes eso? Es el sonido de la marcha robótica de la que somos presos.